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Ambiente y salud. Aportes bioéticos ante la necesidad de un diseño de políticas públicas que garantice participación ciudadana

agua podridaPrimera Parte

Por los Dres. Claudia L. Oviedo, Ana M. Vernetti y Walter D. Pelle (Revista Iberoamericana de Derecho Ambiental y Recursos Naturales IJ-LXVII-890)

1. Influencia del ambiente en la Salud –

La influencia del ambiente en la salud es indiscutible, partiendo del concepto de salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” [4], vemos cómo el entorno que rodea permanentemente a la persona humana influye positiva o negativamente en ese estado de completo bienestar al que alude la Organización Mundial de la Salud.

Los efectos producidos por el medio ambiente en la salud humana pueden derivarse de los denominados «riesgos tradicionales», que normalmente se relacionan con un bajo nivel de desarrollo socioeconómico, o de los «riesgos modernos»[5], que suelen asociarse con procesos de desarrollo que ignoran el cuidado del medio ambiente.[6]

En general los riesgos tradicionales se manifiestan de forma rápida (por ejemplo si el aire en el hogar está altamente contaminado, seguramente causará pronto problemas respiratorios).[7]

Entre los “riesgos tradicionales” relacionados con la pobreza y el desarrollo insuficiente, se encuentran los siguientes:

• Falta de acceso al agua potable

• Eliminación inadecuada de excretas y de basuras

• Insalubridad en la vivienda y en la comunidad

• Contaminación del aire en el hogar por polvo, hongos, y por el uso de carbón u otros combustibles biológicos para cocinar o calentar el ambiente

• Contaminación de los alimentos con agentes patógenos

• Contaminación del agua de consumo por aguas servidas

• Desastres naturales, incluyendo sequías, inundaciones y terremotos

• Contaminación de la vivienda por el plomo en las cerámicas y pinturas

• Accidentes y enfermedades ocupacionales en la agricultura, en la industria y en el sector informal de la economía.

Los denominados “riesgos modernos” manifiestan sus efectos nocivos tras un período de tiempo relativamente largo desde el momento de la exposición.

Algunas sustancias presentes en los plaguicidas que pueden causar cáncer, por ejemplo, provocan síntomas recién al cabo de varios años, y aun así, pueden pasar varias décadas hasta que produzcan un tumor.-

Los riesgos modernos están relacionados con procesos rápidos de desarrollo que no contemplan mecanismos de protección a la salud, así como con el consumo excesivo e insostenible de los recursos naturales.

Estos riesgos incluyen los siguientes:

• Acumulación de residuos sólidos peligrosos

• Contaminación urbana del aire por emisiones de industrias y vehículos

• Contaminación de recursos hídricos por las industrias, la agricultura y los desagües de centros urbanos

• Uso indebido de sustancias químicas o radioactivas vinculadas a nuevas tecnologías para la agricultura y la industria

• Accidentes de tránsito

• Enfermedades infecciosas emergentes o reemergentes

• Cambios climáticos y atmosféricos, como el enrarecimiento de la capa de ozono y el efecto invernadero

• Violencia y efectos psicosociales del medio ambiente urbano

• Tabaquismo y drogadicción.[8]

A los fines de priorizar la toma de conciencia de la magnitud de la influencia de la contaminación (en algunas de sus manifestaciones) y/o el uso desmedido de productos químicos en la salud, apuntaremos algunos datos difundidos por la O.M.S al respecto: “Los Químicos sintéticos utilizados en la fabricación de cosméticos, pesticidas, equipos electrónicos y productos de uso cotidiano en el hogar pueden provocar trastornos y enfermedades del sistema endocrino, y la OMS calcula que los productos químicos provocan al menos 4,9 millones de muertes cada año.

La contaminación con mercurio pone en serio riesgo la salud de 15 millones de humanos, de los cuales tres millones son mujeres y niños, daña los sistemas nervioso y neurológico, los riñones, pulmones y piel.

La contaminación provocada por el tráfico vehicular puede reducir la función pulmonar y causar enfermedades respiratorias y cardiovasculares; agravar cuadros de asma, infecciones respiratorias agudas e irritación de la tráquea, y aumentar las posibilidades de sufrir infartos cardíacos, sobre todo en las seis horas posteriores a la exposición”.[9]

La contaminación sonora, puede ocasionar trastornos físicos, trauma acústico, envejecimiento prematuro del oído y pérdida de la capacidad auditiva.[10]

“Los contaminantes más relevantes en la actualidad son las partículas en suspensión en sus diferentes tamaños, los dióxido de nitrógeno y el ozono troposférico, es decir, el que se forma en la capa más baja de la atmósfera y tiene contacto directo con los seres humanos.

El dióxido de nitrógeno presente en el aire de las ciudades tiene capacidad de promover reacciones inflamatorias en el pulmón, si bien en grado bastante menor que el ozono. La exposición exacerba también las reacciones asmáticas (…)

El dióxido de azufre es un gas incoloro con un característico olor asfixiante que ocupó un lugar central en las preocupaciones por la salud de los años 80. No hay que obviar que es un gas irritante y tóxico. La exposición crónica se ha correlacionado con un mayor número de muertes prematuras asociadas a enfermedades pulmonares y cardiovasculares. El efecto irritativo continuado puede causar una disminución de las funciones respiratorias y el desarrollo de enfermedades como la bronquitis. La exposición a niveles de anhídrido sulfuroso muy altos puede ser letal. La exposición a 100 partes de anhídrido sulfuroso por cada millón de partes de aire (100 ppm) se considera de peligro inmediato para la salud y peligro mortal.

El plomo es uno de los llamados metales pesados y, como otros metales, se bioacumula (acumulación con el paso del tiempo en organismos vivos) y se biomagnifica (se va acumulando a lo largo de la cadena trófica). Produce envenenamiento enzimático e interfiere en algunas de las reacciones esenciales para los organismos vivos. En niños se ha relacionado con problemas de desarrollo en el pensamiento cognitivo, en la memoria, en la atención y el lenguaje, y en las habilidades motoras y de visión espacial.”[11]

Estos datos pretenden ser sólo ilustrativos porque sabemos que los efectos adversos sobre la salud de la alteración del ambiente aumenta cada día presentándose de la forma más variada e imprevisible, y es nuestra intención motivar la reacción ante esta problemática para generar nuevas herramientas de control y prevención factibles de ser implementadas.

Por ello creemos que en la actualidad, el ordenamiento jurídico y la planificación de políticas públicas deben apuntar a garantizar la protección de la denominada “salud ambiental”[12]; las propuestas que planteamos en este trabajo pretenden aportar lineamientos para su puesta en práctica.

2. Aplicación de los principios bioéticos en materia de Ambiente – Salud –

2.1) Introducción

Al tener como eje central el respeto por la persona, al intentar constantemente poner un límite moral al desarrollo de posturas científicas y/o económicas violatorias de las cualidades esenciales del ser humano, al plantearse la necesidad de tomar decisiones responsables y solidarias no sólo ante la humanidad actual sino también ante las generaciones futuras, sin dudas el enfoque bioético aporta valiosos elementos en las problemáticas ambientales.

Por otra parte, el tema ambiental es pluridisciplinar, ya que incumbe a biólogos, químicos, urbanistas, juristas, economistas, médicos, arquitectos, ingenieros, etc., y la bioética puede aportar una mirada integradora en el análisis de los problemas involucrados, ya que cuenta con experiencia en tal sentido, pues es esencialmente una disciplina que incumbe a numerosos campos del conocimiento.

En las cuestiones ambientales, como en muchas otras, el aporte bioético será enriquecedor para la ciencia del Derecho cuando sea utilizado para el debate y la creación de normas de carácter coercitivo, como son las jurídicas.

La bioética nació como una reacción moral ante los avances tecnocientíficos en el área médica. En efecto, sus primeros desarrollos se relacionaron con la necesidad del consentimiento informado para las investigaciones y prácticas médicas sobre seres humanos, las técnicas de fertilización humana asistida, la manipulación genética, el Proyecto Genoma Humano, el encarnizamiento terapéutico y la muerte digna, etc. Sin embargo su precursor, Potter, ya se había preocupado en la década del ’70 de la problemática ambiental, aplicando interesantes conceptos bioéticos a la relación entre el hombre y la naturaleza.

A poco de hacer camino, nuevas inquietudes sociales originaron el acrecentamiento del campo habitual de estudio bioético, por ejemplo, las relacionadas al medio ambiente. Así, ensanchándose hasta su misma raíz etimológica (en griego, bios: vida, ethos: ética), interpretó en su máxima extensión su definición[13], referida a las “ciencias de la vida y el cuidado de la salud”, lo cual obviamente incluye numerosos temas que exceden el área médica, muchos de ellos dilemáticos.

Volviendo hacia la amplitud que Potter imprimió al significado de “Bioética”, comenzaron a desarrollarse más a menudo trabajos bioéticos más allá del estricto campo médico.

Ahora bien, ¿ha adaptado totalmente la bioética sus contenidos fundantes a su nueva realidad?.

2.2) Los principios clásicos de la bioética.

Aunque se trata de una disciplina relativamente nueva, desde los orígenes de la bioética fueron elaborados tres principios fundamentales que ya pueden considerarse “clásicos”, mediante los cuales pudieron analizarse las diferentes cuestiones que entraron a su campo.

En efecto, los principios de “justicia”, “autonomía” y “beneficencia-no maleficencia” -muchas veces encontrados entre sí o con tensiones individuales internas- resultaron disparadores útiles al momento de realizar un análisis crítico de las situaciones que requirieron de la mirada bioética.

Dentro de la “autonomía” pueden distinguirse dos componentes: “uno en la racionalidad o entendimiento (capacidad de evaluar claramente las situaciones y escoger los medios adecuados para adaptarse a ellos), y otro es la libertad o no control (derecho y facultad de hacer lo que se decide hacer, o por lo menos actuar sin coerción o restricción)” [14].

La “beneficencia-no maleficencia” tiene connotaciones morales evidentes, implicando por una parte filantropía, y por otra falta de intención de causar daño.

La “justicia”, más allá de las implicancias individuales que tiene, es un principio ético de orden social. Se la ha caracterizado desde la antigüedad como virtud no sólo desde la filosofía sino también desde la ciencia del derecho. Puede tratarse de una justicia conmutativa (que se ocupa de las relaciones entre los individuos) o distributiva (centrada en las relaciones entre el Estado y sus habitantes. Cobran fuerza desde la justicia las ideas de igualdad (ante iguales situaciones), distribución de premios o castigos según el mérito, etc.

En este “modelo de los principios”, por ejemplo, si el tema analizado es la problemática de la “ligadura de trompas” a una mujer para evitar futuros embarazos, las posturas pueden surgir desde la reflexión sobre los tres principios enunciados. La “autonomía” nos hace pensar en la necesidad de consentimiento suficientemente informado a la mujer sobre los efectos de la ligadura y los riesgos de la misma, así como en el grado de libertad de la persona de acuerdo a sus circunstancias económicas, laborales, sociales, culturales, en el “paternalismo” médico, etc. La “beneficencia-no maleficencia” nos lleva al corriente carácter irreversible de la ligadura ante un cambio de circunstancias de la mujer, lo antinatural de la operación, la idea de lesión corporal, etc. Por último, desde la “justicia” llegamos a la posible utilización en masa de la ligadura de trompas como herramienta de política de discriminación, los costos económicos de la intervención y la desigualdad que de ellos se infiere, la asignación de recursos, la tipificación jurídica de la conducta, etc.

Como se puede advertir, aunque no se agota el análisis bioético en los principios antedichos, son de verdadera utilidad para el mismo, pues ellos motivan cuestionamientos que posibilitan la reflexión y la crítica interdisciplinaria de la bioética, permitiendo incluso distintas vertientes de pensamiento, siempre enriquecedoras.

2.3) Necesidad de reformular los principios enunciados para el análisis de ls cuestiones bioéticas actuales.

El modelo bioético de los principios nació desde una propuesta de Beauchamp-Childress para resolver conflictos y dilemas morales de la experiencia clínica, desde la obra “Principles of Biomedical Ethics”, editada en el año 1979. Ello no es extraño, ya que -como expresamos anteriormente- la bioética nació como una ética médica, a modo de reacción ante las posibilidades que la tecnología introducía en la ciencia, a veces atentatorias de las cualidades esenciales de la persona.

Pero en la actualidad la bioética consta de un campo de acción más vasto que la ética médica, incluyendo por ejemplo la temática medio ambiental. A pesar de ello, a la hora de hacerse mención a aquellos principios bioéticos aludidos (en la bibliografía específica, o en Congresos u otros eventos), generalmente se los sigue enunciando y explicando del modo tradicional, que no se adapta a las nuevas problemáticas, sino que funcionan plenamente en los conflictos clásicos o primeros que la bioética incorporó como propios.

Consideramos útil reformular entonces tales principios para que también iluminen las posibles soluciones a los nuevos dilemas que afronta la bioética. Además, convencidos de que ésta no alcanzará resultados positivos (desde el punto de vista práctico) si no se transporta al ámbito jurídico (conformando el Bioderecho, que consta de normas obligatorias para la sociedad), la reformulación mencionada puede realizar interesantes aportes en el campo del Derecho.

Sólo a título ejemplificativo de esta relación entre principios bioéticos, medio ambiente y ciencia jurídica, pensemos en el derecho a la información y los mecanismos de participación de la sociedad en los temas referidos al medio ambiente (que requieren necesariamente de regulación jurídica), vinculados con una concepción «actualizada» del principio bioético de autonomía (no sólo a nivel individual sino también social), tanto en la elaboración de proyectos preventivos como en la resolución de conflictos.

A continuación analizaremos separadamente cada uno de los principios bioéticos con la intención de adaptarlos a las problemáticas ambientales. De todos modos, la separación aludida se realizará sólo para facilitar la exposición, sin importar disociación de los tres principios, estrechamente vinculados entre sí en los análisis concretos de casos (continuará en la próxima entrega).

 

—————————————————[4] Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud.[5] Galeano, Eduardo, “Uselo y Tírelo. El mundo visto desde una ecología latinoamericana”, Ed. Planeta, 2003, pág.129 a 140.[6] Chelala, César, “Impacto del ambiente sobre la salud infantil”, Catalogación por la Biblioteca de la OPS Organización Panamericana de la Salud, Washington, 1999, pág. 8, OPS, Oficina Sanitaria Panamericana, Oficina Regional de la ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD, DIVISIÓN DE SALUD Y AMBIENTE, en: http://www.paho.org/Spanish/HEP/infancia.pdf[7] Chelala, César, ob. cit, pág. 9.[8] Chelala, César, ob. cit., pág. 11.[9] Estudio de la Fundación Británica del Corazón publicado en la British Medical Journal, en: RENACE INFORMA RED NACIONAL DE ACCION ECOLOGISTA de la Argentina, 22 de febrero 2013, renace2@hotmail.com.[10] Pignataro, Romina, “Las zonas urbanas y la contaminación. Efectos sobre la salud de sus habitantes”, en: Ghersi, Carlos A,; Weingarten, Celia, “Tratado del Derecho a la Salud”, Tomo I, Ed. La Ley, 2012, pág.339.[11] Contaminación del aire y salud, noticia publicada en: http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article5682.[12] Arancet, Alejandra, “La Salud y la Contaminación Ambiental” en: Ghersi, Carlos A,; Weingarten, Celia; “Tratado del Derecho a la Salud”, Tomo I, Ed. La Ley, 2012, pág.242.[13] “Bioética: estudio sistemático de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y el cuidado de la salud, en cuanto que dicha conducta es examinada a la luz de los valores y de los principios morales”. REICH, W., “Introduction Enciclopedia of Bioethics, I, New York, 1978.[14] MAINETTI, José Alberto; “Bioética Sistemática”, Ed. Quirón, La Plata, 1991, pág. 45.

© Copyright : Revista Iberoamericana de Derecho Ambiental y Recursos Naturales

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