Inicio / Difusión periodística / La revolución de los consumidores

La revolución de los consumidores

Te entran ganas de gritar a los cuatro vientos: ¡consumidores de la tierra, uníos! Pero sabes que es gastar saliva en vano. Comprendes que pasarías a ingresar la lista de incautos cuya voz ha vuelto a clamar en el desierto. Porque sólo los apagones fortuitos, como aquel tan célebre de Nueva York, acaban pisando la alfombra roja de la historia. Los apagones voluntarios, colectivos, universales, como arma de defensa masiva, son utopías que navegan por un ciberespacio donde los tambores de guerra también proclaman utópicas revoluciones pendientes por los siglos de los siglos. Han vuelto a subirnos la luz, y hemos vuelto a soportar estoicamente la nueva dosis de descargas eléctricas domésticas.

Han vuelto a subirnos el IVA, y las cabezas de ganado humano seguimos dejándonos llevar al matadero del mercado de la oferta y la demanda: un hombre/ un iPhone, una casa/un plasma, un niño/un móvil.

El síndrome sociológico de inmuno-deficiencia adquirida ha dejado al ser humano, a la gente corriente, the ordinary people, al pie de los caballos de los nuevos vampiros de la macroeconomia, cuyos leales vasallos, los Obamas, las Merkeles, los Sarkocy, los Berlusconi, los Zapateros, les sirven todos los días millones y millones de litros de sangre fresca de víctimas propiciatorias.

No hay nada que hacer por separado. Mientras cada uno piense que es más listo que el tipo que tiene al lado, que puede ganar su guerra por su cuenta, que la distancia más corta entre un problema y una solución es un “amigo estratégicamente colocado”, somos carne de cañón, masa informe e inofensiva, súbditos de los nuevos y sutiles poderes absolutos que encienden nuestras luces y administran nuestras sombras.

Para llegar hasta aquí, procedentes de la lejana línea de salida de la historia de la humanidad, no hacían falta revoluciones industriales, francesas, bolcheviques, ni primeras ni segundas guerras mundiales, ni primaveras de Praga, ni demoliciones del Muro de Berlín, ni siquiera el espejismo del Mayo Francés como paradigma del último coletazo de una humanidad que ha mordido el anzuelo del bienestar y ha perdido el rastro del “bienser”. Fuimos vasallos, nos dejaron disfrazarnos de ciudadanos y vuelven a tratarnos como esclavos ¿Para esto derramamos tanta sangre, tanto sudor y tantas lágrimas?

Si entre nosotros y las multinacionales, los poderes áulicos, el absolutismo financiero, ni siquiera disponemos de los poderes elegidos y la democracia como barricadas inexpugnables, mejor sacar el consumidor que cada uno llevamos dentro, lanzar el grito de ¡consumidores del mundo, uníos!, y montar la gran revolución de la demanda para acabar con la sutil pero implacable dictadura de la oferta ¡Somos muchísimos más que ellos! Y es un insulto a nuestra inteligencia colectiva que estemos perdiendo todas las batallas, con esa humillante resignación que parece indicar, en pleno siglo XXI, que vamos a perder la guerra inexorablemente.

Sobre

Revisa También

Aumentos en alquileres! cómo se calcula?

Si querés tenés mayor información respecto a las modificaciones introducidas por la «nueva ley de …