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Trabajo infantil: heridas de nunca sanar

La evolución seguirá ausente en este mundo de avances científicos asombrosos, mientras millones de padres vendan como máquinas de trabajo a sus hijos, en quienes quedan heridas de nunca sanar.
En el orbe existen 158 millones de niños de ambos sexos entre cinco y 14 años obligados a trabajar, lo cual equivale a uno de cada seis menores, estima el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Según esa organización, cada año aumenta en un millón 200 mil las víctimas de la trata infantil, una cifra terrible que incluye víctimas de la explotación sexual.

En África subsahariana 69 millones de infantes laboran antes de cumplir sus 15, calcula la Unicef.

Costa de Marfil, Camerún y Gabón “importan” niños y niñas de Togo, Mali, Burkina Faso y Ghana; Benin y Nigeria “exportan” menores a Oriente Medio y Europa.

Escenas de la barbarie

“El lado oscuro del chocolate” es un documental del director de cine danés Miki Mistrati, que muestra cómo muchos niños recogen semillas en las plantaciones de cacao de Costa de Marfil y cargan bolsas de 20 kilos durante 12 horas al día.

Según declaró Mistrati a la prensa, “es impactante comprobar la trata de personas y la explotación infantil. Vi, incluso, chicos de ocho años, esclavizados en la selva.”

“¿Saben qué me causó más impresión? Que esos chicos no tenían miedo en su mirada, tenían los ojos apagados, como resignados a su suerte”, precisó el autor, quien recorrió 17 campos en ese país de África occidental.

Los campesinos marfileños de Khorogo esperan la llegada de los niños esclavos para ponerlos a trabajar en las plantaciones de cacao, el principal rubro de exportación de esa nación.

Diamoutene Bakaray, anciano de una de las tribus del lugar, relata en el documental que a veces los traficantes van al mercado en motos y raptan a los niños.

“No nos consta que trabajen menores en nuestras plantaciones. De hecho, nuestras leyes lo impiden. Esos niños que usted pudo ver acaso vinieron con las muchas familias que visitan el país haciendo turismo”, afirma en la cinta Tohe Adam Malick, funcionario del Ministerio de Trabajo de ese país.

Más crudo respondió el dueño de la empresa SAF-Cacao: “¿Se imagina la catástrofe global que se produciría si la gente dejara de comprar nuestro cacao al saber del tráfico de niños? No jueguen con esas palabras porque nos arruinan.”

Tras difundirse el material fílmico en Europa, industriales daneses firmaron un código de conducta para la el trabajo en los campos de cacao, ante la presión ejercida por los consumidores sobre el gobierno de Dinamarca.

Empresas implicadas como Nestlé, Kraft Foods, Ferrero y Mars eligieron una defensa conjunta mediante un vocero.

Según alegan, no tienen responsabilidades sobre las plantaciones porque sólo compran el cacao de cooperativas.

Tales compañías prometen combatir el problema, y Nestlé mostró un plan para formar agricultores y remodelar la cadena de cooperativas cacaoteras con una inversión de 82 millones de euros en la próxima década.

Sin embargo, en 2001 esas grandes corporaciones firmaron un protocolo para que en 2008 mejoraran las condiciones de trabajo en las plantaciones de cacao en África, y todo quedó en el papel.

¿Qué es el trabajo infantil?

No todas las tareas realizadas por los niños clasifican como trabajo infantil, pues los especialistas consideran positiva la participación en labores que facilitan el desarrollo personal sin afectar la salud o educación.

Puede mencionarse la ayuda brindada a sus padres en el hogar, la colaboración en un negocio de la familia o las tareas realizadas fuera del horario docente o durante las vacaciones para ganar dinero de bolsillo.

Tales actividades son provechosas para el desarrollo de los menores y el bienestar de la familia les proporciona calificaciones y experiencia, y les ayuda a prepararse para ser miembros productivos de la sociedad en la edad adulta, comentan los psicólogos.

El término “trabajo infantil” suele definirse como toda labor que priva a los infantes de su niñez, su potencial y su dignidad, y es considerado perjudicial para el desarrollo físico y mental.

Los nacidos en los hogares más pobres y en zonas rurales tienen más probabilidades de ser víctimas del trabajo infantil.

En las formas más extremas de ese tipo de explotación, los niños sufren situaciones de esclavitud, separados de sus familiares, expuestos a graves peligros y enfermedades o abandonados a muy temprana edad en la calle de grandes urbes.

Millones de niñas trabajan como empleadas domésticas y están expuestas a la explotación, los maltratos y los abusos sexuales.

Promesas para el 2016

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió en mayo pasado

que los esfuerzos a fin de eliminar las peores formas de trabajo infantil para el 2016 pierden fuerza y convocó a “revitalizar” la campaña mundial con vistas a erradicar esa práctica.

En su informe global sobre el tema, la OIT indica que la cifra internacional de niños trabajadores disminuyó de 222 millones a 215 millones durante el período 2004-2008, lo cual representa un tres por ciento.

La organización apunta en el documento titulado “Intensificar la lucha contra el trabajo infantil”, que el mayor progreso se reportó entre niños y niñas de cinco a 14 años, grupo en el cual el número disminuyó en un 10 por ciento.

Sin embargo, entre jóvenes de 15 a 17 años aumentó en un 20 por ciento, de 52 millones a 62 millones.

En ese sentido, más de 450 delegados de 80 países adoptaron en mayo último en La Haya, Holanda, una Hoja de Ruta, la cual enuncia la necesidad de “aumentar de manera fundamental” los esfuerzos mundiales para eliminar las peores formas de trabajo infantil en 2016.

El texto insta a gobiernos, interlocutores sociales y organizaciones no gubernamentales a articular políticas a favor del respeto de los derechos humanos de los niños con un tope dentro de un lustro.

“Pero no nos engañemos: la Hoja de Ruta no marca el final de nuestro trabajo conjunto, por el contrario, debemos continuar reuniéndonos y trabajando”, reconoció el ministro de Asuntos Sociales y del Empleo del gobierno de los Países Bajos, Piet Hein Donner.

Por su parte el director ejecutivo de la OIT, Kari Tapiola, admitió que “ahora contamos con una Hoja de Ruta que muestra el camino a seguir y ofrece ideas para futuras discusiones, tanto en la OIT como en otros ámbitos. El cumplimiento de este objetivo es una tarea que depende de todos nosotros”.

Entretanto, en el informe Incrementar la lucha contra el trabajo infantil, la OIT se muestra pesimista al advertir que el propósito de 2016 será incumplido de no adoptarse acciones decisivas.

Contrasta este documento con las tendencias positivas de la evaluación realizada en 2006, que impulsaron a esa organización a acordar en ese año el propósito de eliminar las peores formas de trabajo infantil en el término de una década.

La trata de menores es una actividad lucrativa vinculada a redes de delincuencia y corrupción.

Esa práctica vulnera el derecho del niño a crecer en el seno de un entorno familiar al estar expuesto a peligros, como la violencia, el abuso sexual o las formas más medievales de esclavitud.

La cruda realidad demuestra que pasan los años, las promesas caducan, los políticos envejecen con su palabra incumplida, mientras el tráfico y la explotación infantil aún pertenecen al infierno de este mundo.

Por Randy Saborit Mora (Prensa Latina*)
(*) El autor es periodista de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.

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