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España: Entradas para recitales falsificadas, una nueva estafa para el consumidor

Compra la entrada y la guarda en un bolsillo del pantalón. Apenas unos segundos después vuelve a meter la mano en el bolsillo, para comprobar si la entrada continúa donde la ha dejado. Repite la operación varias veces y decide que ese lugar es peligroso, que se puede perder fácilmente y, entonces, mete el ticket recién comprado en la cartera, tras doblarlo con mucho cuidado, no se vaya a romper. Guarda la cartera, algo más confiado, pero de vez en cuando la vuelve a abrir, para mirar si sigue dentro. Tras lo que le ha costado comprar la entrada, lo peor que le puede pasar en esta vida es perderla.

Se suponía que ya no vendían más, pero Jordi vio el anuncio  en la web «milanuncios.com». Quedó en Madrid con el vendedor y le dio los 100 euros prometidos. Era raro que todavía quedasen entradas y era más raro aún que el propietario no quisiera ir al concierto de Lady Gaga, con lo cotizada que está. Por eso fueron al centro comercial que vendía oficialmente los tickets y hablaron con una encargada del departamento de ventas: observó la entrada con cuidado y, mientras los que la miraban a ella contenían la respiración, confirmó que sí, que era buena, que podían ver a Lady Gaga. Todo en orden, el gran día, por fin, había llegado.

Copias exactas
Pero se quedaron en la puerta, como otros cientos de personas. Resultó que su entrada era falsa. Había pasado todos los exámenes visuales, pero en la última frontera de la puerta de entrada, no superó el definitivo, el digital: el código estaba repetido con otra entrada. O sea, había dos o más entradas iguales y por tanto, la que él llevaba era una falsificación. «Cuando alguien compra fuera de los cauces oficiales tiene que saber que se enfrenta al riesgo de que la entrada no sea buena», asegura José Luis Rodríguez, de la Asociación de Promotores de conciertos. Todos conocen esos riesgos, pero las falsificaciones eran tan exactas que escapaban a la vista del más experto.

El timo tiene su sofistificación. Se compran legalmente varias entradas, se roba el mismo papel con el que se imprimen las entradas oficiales y se imprimen otras idénticas, con los mismos números. Es casi imposible distinguir las buenas de las malas: el material es el mismo, las marcas fosforescentes, el sello transparente, las capas, los atributos físicos. Todo igual. Sólo cuando la informática detecta que el código de esa entrada ya ha pasado, se pilla la falsificación. Todos los que han caído se quedan fuera del evento a última hora y ya no se puede hacer nada.

Falsificar no es nada nuevo. Las entradas se han copiado siempre, pero internet ha añadido una diferencia fundamental: ahora es más fácil distribuirlas y adquirirlas. Antes hacía falta un contacto físico, que dos personas se encontraran e hicieran la transacción. Ya no. Se pone el anuncio en un portal del internet o en un chat y casi siempre hay alguien interesado en comprar. Ocurrió esta semana en Valencia, en el concierto de Don Omar, un cantante latino. La promotora Egungun tuvo que suspenderlo: no sabían cuántas entradas falsas estaban en circulación y se les avisó de que se podía crear un problema de orden público si la gente se quedaba en la puerta. El seguro, además, no estaba dispuesto a cubrir una situación así.

La promotora se dio cuenta de que algo iba mal cuando descubrieron en un chat que alguien vendía entradas del concierto más baratas de las que aún se vendían oficialmente. Sucede a veces, pero no es lo habitual. Llamaron al teléfono que venía en el chat y quedaron con el comprador. Él les dijo que también había vendido entradas para el concierto de Lady Gaga. Buenas, se supone. Debió sospechar algo porque nunca se presentó a la cita. Ahora la unidad de delitos telemáticos de la Guardia Civil le busca, como intentan encontrar a los vendedores de entradas de Lady Gaga. Son operaciones abiertas y no se habla de ellas.

Reventa universal
Los promotores de conciertos están preocupados. Pese a que las medidas de seguridad son cada vez más férreas, la copia de entradas se multiplica y la reventa, como ha ocurrido con casi todas las piraterías, es ahora universal. La reventa es un trueque alegal, una falta administrativa que se agrava y se convierte en delito cuando ni siquiera se está revendiendo una entrada oficial, sino una falsificación casi perfecta.

La reventa clásica se producía, y todavía se produce, en las puertas de los grandes estadios donde se celebraban los acontecimientos. Hombres solitarios se cruzan rápidamente con la gente que pasa. «Entradas, vendo entradas», murmuran entre dientes. Quien busca un pase de última hora se para ante ellos. Según su urgencia y el tiempo que falta para que comience el acto, sube el precio.

Con internet, la picaresca llegó a todas las esquinas. Los anuncios vendiendo bolis a cientos de euros y regalando entradas con ellos aparecían en la red los días previos a las grandes ocasiones. «Pero eso no daba seguridad, nosotros en cambio ofrecemos más mecanismos para que la gente sepa que su entrada es buena», dicen desde la web tengoentradas.com, que, como otras, dio el siguiente paso en la evolución de la reventa, o como aseguran ellos, se convirtieron en intermediarios entre particulares.

Sin embargo, muchos afectados que se quedaron fueran del concierto de Lady Gaga se quejan de que ellos compraron su entrada en lugares como viagogo o seatwave. Creían que eran seguros y ha resultado que no. Manuel Romero, gerente de tengoentradas.com, asegura que ellos no han tenido ningún problema con entradas falsas en el concierto de Lady Gaga, aunque sí que tuvieron hace poco en uno de Shakira.  Pero es que, dice, es casi imposible distinguir una entrada buena de una que no lo es. Pese a los hechos, sigue insistiendo en que comprar por la vía oficial no tiene por qué ser más rentable, ni siquiera más seguro.

«Nosotros tenemos un programa que guarda el código de la entrada que ha producido la transacción y si vemos que hay otra entrada con el mismo código sabemos que es falsa. Nosotros –insiste Manuel Romero– no hacemos efectivo el pago de la entrada hasta que no se ha llevado a cabo el evento. Recogemos las entradas, intentamos asegurarnos de que son buenas y se las damos al comprador. Tenemos los datos bancarios de quien ha vendido la entrada. Esto es mucho más seguro que comprar la entrada a un desconocido en la calle o alguien que pone un anuncio en internet».

Los culpables
Desde Facua, una asociación para defensa del consumidor, no tienen tan claro que esas páginas webs sean beneficiosas. Lo que hacen no es más que una reventa algo más sofisticada y en algunas comunidades autónomas eso está perseguido. Las asociaciones de consumidores pretenden poner una demanda al considerar que son estas webs las principales culpables. A Jordi no le importa quién es el máximo culpable. En la puerta del concierto, después de haber pagado la entrada, el viaje, el hotel, se quedó sin lo que tanto había deseado y no sabe quién le va a devolver el dinero. Los estafados piensan que los promotores ya tenían alguna idea de lo que sucedía, pero es que estaban avisados de otras ocasiones. También creen que las webs de intermediación podían poner más cuidado. Todos son culpables cuando delante de la puerta del concierto con la entrada en la mano te quedas fuera, pero sucede mucho estos días.  Se compra una entrada y ya se ha puesto en marcha la estafa.

Precios más baratos
Lo ideal de vender una entrada falsa es hacerlo a precio más alto que en taquilla. Para eso hay que fijarse en acontecimientos con mucha demanda, en los que el mercado de segunda mano funciona mejor que el oficial. Los promotores se quejan de que muchas veces, cuando se busca una entrada para un evento, internet lleva directamente a las webs de intermediación antes que a las oficiales. Eso puede confundir y echar a la gente hacia atrás: si en las páginas de reventa ven que la entrada está a 100 euros, ni intentan comprarla, cuando en los puntos de venta oficiales puede estar más barata. En esas páginas, el vendedor fija el precio, que puede variar según la demanda que tenga. A veces, aunque no muchas, debido a que la demanda no ha sido como se esperaba o porque a última hora se ha necesitado vender la entrada, ésta se encuentra a un precio más bajo. Si son excesivas las entradas a precio bajo las que están en venta, hay pocas dudas de que son falsas.

26/12/10 Fuente: La Razon.es

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Estafada por Chayanne. Conciertos, los derechos que le asisten al consumidor. Art. 8 LDC.

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