Inicio / Educación al consumidor / El joven Frankenstein se queda

El joven Frankenstein se queda

inflacion-y-precios-2105931w620El monstruo que ataca a su creador está cada vez más vivo;una enorme masa de pesos es la causa del déficit y la inflación

No es la primera vez en la tortuosa historia económica argentina que una emisión descontrolada de pesos crea un monstruo que destruye todo lo supuestamente logrado: inflación y devaluación que golpean sobre todo a los más pobres. Todo depende de que la gente continúe queriendo quedarse con los pesos y no corra descontroladamente a transformarlos en bienes o dólares. Los economistas Javier Milei y Diego Giacomini lo plantearon así: para ellos hay «un sobrante de pesos en torno al 3,7% del PBI ($ 200.000 millones). Si le sumamos que los US$ 33.000 millones de reservas informadas por el BCRA se reducen a menos de la mitad cuando se depuran los encajes de los bancos y las distintas deudas que se han contraído para maquillar al relato monetario, debería resultar claro que, de producirse una brusca caída en la demanda de dinero, una crisis cambiaria sería inexorable «.

Y no es la primera vez que el monstruo supuestamente servicial se pone en marcha y luego es un problema sin control, Los autores recuerdan que «la evidencia empírica para la Argentina desde 1955 hasta 2015 es contundente; un exceso (semejante) de pesos en la economía ha tenido lugar en dos oportunidades, la primera entre 1957 y 1958, donde luego de sobrar cerca de 4 puntos del PBI, concluyó en un estallido inflacionario del 113,7% en 1959; la segunda , el Rodrigazo; con un excedente similar durante 1973 y 1974, en 1975 la inflación escaló a niveles del 182,8% y a 440% durante 1976».

Es parte de la «maldita herencia» que no se quiere reconocer. El ministro Axel Kicillof se muestra fiero, desafiante, sin ánimo de cambiar nada. Como otro personaje menos monstruoso que Frankenstein o el Golem de Praga. El adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras. Aquel personaje de Les Luthiers genialmente interpretado por Ernesto Acher que ante cada combate proclamaba: «¡Mi honra está en juego y de aquí no me muevo.»

En su idea todo es producto de las conspiraciones de los mercados. De los productores de alimentos que son desleales y falsean los datos en las etiquetas y de los consumidores que son tontos y deben ser cuidados por el papá Gobierno, al que la actual administración suele confundir con el Estado.

Entonces aparecen los Precios Cuidados, o congelamientos de precios, el cepo cambiario, los tipos de cambio diferenciales disfrazados de anticipos tributarios o pagos a cuenta. Todo un cachivache que termina con un sommelier de ketchups y salchichas que es nada menos que el hasta hace seis años disc jockey monotributista que empleaba, según él, a «un plomo» y hoy es secretartio de Comercio, todo un ejemplo de capacidad de reconversión.

Al secretario de Comercio, Augusto Costa , muy cercano al ministro Axel Kicillof no le preocupa que haya múltiples tipos de cambio, sino que dos condimentos que están etiquetados distinto tengan, según su -ahora se sabe- fino y entrenado paladar, el mismo sabor. ¿Responderá ese diagnóstico a algún patrón de medida? ¿Tendrá Costa el «paladar patrón?» ¿Tendrá algo que ver con Patrón Costa?»

Tanto en Frankenstein como en El Golem, que inspiró el extraordinario poema de Jorge Luis Borges, muestran la futilidad del esfuerzo humano tratando de convertirse en un Dios, que puede controlarlo todo. En el genial El Joven Frankenstein dirigida por Mel Brooks, Peter Boyle personificó a un monstruo decididamente tonto. Y el creador, interpretado por Gene Wilder, un cobarde que finge heroísmo. Se hace encerrar en la misma celda que el monstruo e instruye a sus asistentes para que no atiendan sus ruegos si pide abrirle la puerta, para impedir que el monstruo escape. Pero luego, enfrentado con lo que creó, ruega e insulta a quienes cumplen su orden. ¿Será por la certeza del riesgo que se corría con estas recreaciones que el entonces ministro Hernán Lorenzino tuvo un lapsus y dijo «me quiero ir», cuando una periodista griega le preguntó por la inflación?

Más que preocuparse porque dos condimentos que dicen ser distintos tengan el mismo sabor Costa podría preocuparse de políticas públicas desastrosas. Las que disponen que dos cosas que son iguales tengan precios diferentes según quién las compra y para qué, por ejemplo.

Ése es el monstruo que queda como herencia y que puede descontrolarse. Al contrario de lo que dicen los actuales funcionarios, desde el extranjero hubo alguna noticia no tan mala. El retraso de la Reserva Federal de los Estados Unidos en subir las tasas de interés y generar una caída mayor en los precios de las materias primas, por ejemplo.

Luis Palma Cané cree que la suba en la tasa de referencia y la consecuente revaluación del dólar y caída del euro seguirá demorando. Nadie quiere ser el culpable de ponerle un freno a la tenue recuperación económica norteamericana.

Pero hay actividades que siguen mal. La industria automotriz pasa por un momento muy duro. Pero el argumento de Costa es que si se bajaran los precios, venderían más. Es increíble. El secretario de Comercio y sommelier de ketchup ha descubierto después de años la ley de la oferta y la demanda.

Tal vez un día se entere que si se fija un precio artificialmente bajo, muy inferior al que equilibran la oferta y la demanda, se dispara la demanda y la oferta desaparece. Es lo que pasó con el trigo, la carne, la electricidad, el gas y el dólar en la Argentina. ¿Cuántos errores más necesita cometer el equipo económico para aprender lo menos que básico? Por el contrario, si con un impuestazo se le pone un precio muy por encima del equilibrio a un tipo de autos, la demanda desaparece.

Son cosas más importantes que los sabores del ketchup. La defensa de los consumidores puede ser ejercida también por el sector privado. Las ONG, por ejemplo, a las que el antecesor de Costa, Guillermo Moreno, persiguió porque denunciaban aumentos de precios e inflación. Ahora el Gobierno pretende reemplazarlas. Otra vez jugando a Dios y tratando de controlar todas las variables.

El monstruo monetario quedará suelto y el riesgo de un desastre será asumido por el sucesor, seguramente sin beneficio de inventario. La Academia Sueca otorgó el Nobel en Economía a quien se destacó midiendo la pobreza. Aquí Kicillof y lo suyos dicen que se puede falsificar y ocultar los números, que lo importante son las etiquetas de los alimentos. La mesa para el desastre está servida.

http://www.lanacion.com.ar/1837269-el-joven-frankensteinse-queda

Sobre Mario Vadillo

Revisa También

Protectora en Córdoba, escuchalo por RADIO NACIONAL

A partir de la próxima semana, y una vez por semana,  la Dra. Mariela A. …