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Honduras: La soberanía del consumidor

La construcción ciudadana de los derechos de los consumidores, implica superar y complementar la etapa declarativa que los diferentes países asumieron al promulgar su legislación (estatutos) de defensa del consumidor. Este imperativo busca la apropiación, aplicación y ejercicio efectivo de los derechos y libertades por parte de un consumidor que, asumiéndose como ciudadano o ciudadana, oriente sus decisiones sobre la base de la satisfacción real de necesidades, la búsqueda de bienestar y la sostenibilidad de su entorno de vida.

El subconsumo, por otro lado, es una condición que atenta contra los derechos humanos, la cual no permite (por las condiciones impuestas desde el sistema económico-comercial-monopolista no regulado de este país), que el individuo pueda acceder a una canasta que garantice la satisfacción de sus necesidades básicas.

En nuestro país el consumo se ha convertido en un lugar donde con frecuencia se hace difícil pensar, porque el individuo se entrega sin resistencia al juego pretendidamente libre de las fuerzas del mercado. Para que el consumo pueda articularse con el ejercicio reflexivo de la ciudadanía debería producirse: una oferta de información  multidireccional y confiable acerca de la calidad de los productos, con un control efectivo de parte de los consumidores y con la capacidad pertinente de refutar las pretensiones y seducciones de la propaganda.

En la misma dirección de articular consumo y ejercicio de la ciudadanía se debería organizar la participación demográfica de los principales sectores de la sociedad civil en las decisiones del orden material, simbólico, jurídico y político donde se organizan los consumos (desde la habilitación sanitaria de los alimentos hasta las concesiones de frecuencias radiales y televisivas, desde el juzgamiento de los especuladores hasta los que administran informaciones claves para tomar decisiones).

Concluyo señalando dos tensiones. La primera, es la tensión que se provoca entre la experiencia directade los individuos con los mercados, a partir de su vida cotidiana material y simbólica, y el mercado como realidad socio-comunicacional transnacional impositiva y con tendencia a la universalización a través del mercado publicitario. La segunda es la tensión que se produce entre la lógica de lo mandado o dirigido por las tendencias publicitarias y la capacidad de los ciudadanos para acreditar calidad y eticidad en los productos a consumir.

Ambas tensiones nos ponen sobre aviso que la educación para el consumo, tal como son la educación para los derechos humanos o la educación ambiental, es primordialmente una educación ética, urgente, de gran valor para nuestra sociedad, acostumbrada a ser vista como el objeto del mercado y no como el verdadero propulsor de la economía hondureña. El consumo digno significa avanzar y concretar los satisfactores de bienestar: educación, salud, servicios públicos, relaciones sociales, participación, ambiente, ocio, identidad, libertad y vivienda, principalmente.

link http://blogs.elheraldo.hn/el-heraldo-del-consumidor/2014/06/12/la-soberania-del-consumidor/

Sobre Romina Rios Agüero

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