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Consumo sustentable, una realidad que no se puede desconocer

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En la próxima década se requerirán patrones de producción y consumo de alimentos más sustentables para todos los productos y servicios.

Para 2030 casi 2.000 millones de nuevos consumidores se habrán agregado a la clase media global, según datos del Foro Económico Mundial y Deloitte Touche Tohmatsu de 2009. Esta población con un mayor poder adquisitivo esperará disfrutar el estilo de vida de la clase media tradicional, por lo que también querrá poseer un automóvil y viajar por aire, así como tener hogares con aire acondicionado, aparatos eléctricos y dispositivos electrónicos. Sin embargo, un consumo mayor ocasionará menor disponibilidad de recursos.

Según la Ocde, de seguir el curso actual, para 2030 cerca de 3.900 millones de personas en el mundo vivirán en áreas con graves problemas de abastecimiento de agua, en contraste con los 2.800 millones actuales.

Si todos adoptaran los patrones de consumo y estilo de vida históricos del ciudadano promedio del Reino Unido se necesitarían tres planetas Tierra, y cinco si vivieran como el ciudadano estadounidense promedio . Sin un consumo sustentable será cada vez más difícil satisfacer las necesidades y aspiraciones colectivas de los nuevos consumidores del mundo.

La realidad sustentable
Si bien el ritmo y grado de comportamiento sustentable diferirá según la región, los consumidores actuales cada vez están más conscientes de los grandes retos que enfrenta el mundo en materia de sustentabilidad. Los valores del consumidor en lo que se refiere a este aspecto permanecieron notablemente constantes durante la recesión y cada vez son más quienes se vuelven participantes activos en la creación de una economía más sustentable. En una encuesta realizada recientemente, 95% de los consumidores estadounidenses afirmó que desearía «hacer compras ecológicas»; 44% aseguró que sus hábitos de «compras ecológicas» no han cambiado y más de una tercera parte de ellos informó que es más probable que compren productos sustentables (Grocery Manufacturers Association and Deloitte Development LLC, 2009).

Sin embargo, estos signos esperanzadores se ven contrarrestados por una realidad en competencia. Aunque los consumidores del mundo desarrollado cada vez se vuelven más sensibles a los conceptos de daño ambiental y sustentabilidad, los niveles de consumo en estos países ya son realmente altos y su comportamiento aún es dictado por el precio, calidad y conveniencia, más que por el origen de los productos y contenidos sustentables.

El tema sigue siendo muy particular y la desproporción entre la conciencia y la acción es grave.

El mundo desarrollado presenta la siguiente paradoja: ciertamente es una buena noticia que más personas vayan de la pobreza a la clase media, pero al mismo tiempo, este nuevo poder adquisitivo a menudo provoca un consumo sobresaliente con poca conciencia sobre el impacto que éste tiene en el medio ambiente.

Dado lo anterior, una clase media creciente y educada probablemente exigirá a sus gobiernos lo que sus contrapartes están demandando en los mercados desarrollados: más transparencia acerca de los productos alimenticios, la cuantificación de los esfuerzos corporativos hacia la responsabilidad ambiental, así como la validación de que se siguieron prácticas laborales seguras en el proceso de manufactura.

Interés del cliente por el origen de los alimentos
También habrá un creciente interés del consumidor en el origen de los alimentos, con un énfasis mayor por los productos naturales y enteros, de proveniencia local, obtenidos considerando el bienestar animal, el impacto ambiental y las prácticas éticas. Además, las preocupaciones acerca del medio ambiente son tan marcadas en las personas del mundo desarrollado como en el mundo en vías de desarrollo.

6/9/11 Fuente: Deloitte

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