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Daniel Tomasini, coordinadorde Ambiente y Desarrollo Sustentable de Naciones Unidas en Argentina reconoce que nuestro país tiene una gran provisión, pero una mala distribución.

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“El problema del acceso al agua, como el de su contaminación, es un problema mundial relevante”.
El que lo dice es Daniel Tomasini, coordinador del área Ambiente y Desarrollo Soste­nible de Naciones Unidas en Argentina. También sostiene: “Argentina tiene una gran provisión de agua pero una mala distribución del recurso”.

Lo de la buena provisión, en realidad, es un promedio: zonas como el litoral y Buenos Aires tienen agua de sobra, pero en otras escasea. Córdoba, por ejemplo, con gran parte del territorio en una zona semiárida, no la tiene asegurada.

En el marco de un seminario sobre manejo de cuencas hídricas que se realizó días atrás en Huerta Grande, organizado por el Ministerio de Agua, Ambiente y Energía de la Provincia y la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba, Tomasini abordó el enfoque que se le da al tema en el país.

–¿Cuál es el diagnóstico que trazan a nivel país en relación a esta problemática que, en esta región, es bastante conflictiva en época de sequía?

–Argentina tiene la misma situación que muchos países: una gran provisión de agua pero una mala distribución del recurso, no sólo geográfica sino territorialmente. Las áreas 
más pobres de la sociedad tienen escaso acceso a agua potable y mucho menos al saneamiento. Aunque Argentina es uno de los países de la región y del mundo con mejor provisión de agua potable, aún un 15 por ciento de la sociedad no accede a ese servicio o tiene dificultades de abastecimiento. Sin ir lejos, en la cuenca del Matanza- Riachuelo hay una gran cantidad de población que no tiene cloacas ni agua potable, hecho que cuesta creer en el centro del crecimiento del país. Entonces, esa diferenciación social que se genera en la provisión de agua es un indicador muy fuerte, a tal punto que está puesto por Naciones Unidas entre los objetivos de desarrollo del Milenio. En el año 2000, se establecieron metas que marcaran una línea para el desarrollo sostenible y la provisión de agua y de saneamiento fue uno de ellos. Argentina cumple la meta pero todavía falta alcanzar una parte importante de la población.

–Usted habló de la contaminación. Córdoba tiene embalses no naturales que sufren ese impacto, en distinto grado ¿Cómo ve eso en lo global, en la Argentina?

–El problema de la contaminación del agua, como el del acceso, es mundial. Es uno de los temas que se discutirá en la Cumbre de Río+20, ahora en Río de Janeiro. Esto sucederá 20 años después de una reunión cumbre de 1992 que marcó una línea importante en la cuestión ambiental. El agua es uno de los temas más críticos a discutir, junto con el tema de la energía, el de prevención de desastres y la biodiversidad. Es decir, cómo la cuestión ambiental condi­ciona al desarrollo sostenible y, al mismo tiempo, cómo el crecimiento económico en nuestra sociedad nos condiciona en las cuestiones sociales y en ambientales. Ésa será la discusión que esperamos dar en la Cumbre entre gobiernos, organizaciones internacionales y sociedad civil. Este año esperamos que las empresas tengan un rol más protagónico y un posicionamiento más comprometido 
del que han venido teniendo hasta ahora.

–Teniendo en cuenta que se dice que las próximas 
guerras no serán por el petróleo sino por el agua, ¿cree que los países más desarrollados, o de potencia militar, pueden interesarse en zonas con más agua?

–Lo lógico y esperable es que haya presiones de todo tipo hacia los recursos naturales de nuestros países, por el lado de inversiones, por el lado de capitales políticos, y a todo nivel. El agua es un recurso escaso y va a serlo cada vez más, así que no es impensable que haya conflictos o que los pueda haber. De hecho, hemos vivido un conflicto con Uruguay por este mismo recurso, por la contaminación del agua, y a un nivel que podríamos perfectamente haberlo resuelto sin ningún inconveniente, así que imagínense con los países de Medio Oriente. Con recursos absolutamente escasos, la guerra de árabes e israelíes puede transformarse no en una cuestión política sino en una cuestión hídrica. En América Latina hay gran cantidad de recursos, y el tema es cómo acceder desde el exterior a esos recursos. Acuérdense también de que hasta estuvo el planteo de cortar témpanos en la Antártida para llevárselos con un remolcador, así que estrategias y presiones hay y habrá, definitivamente.

9/6/12 Fuente: La Voz

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