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Las lámparas de bajo consumo ahora preocupan por lo que contaminan

Así lo revela un reciente estudio del Instituto de Ciencias Ambientales de la UNCuyo. Por qué su composición es dañina.

“No todo es lo que aparenta ser”, sentencia Oscar Papú, científico del Instituto de Ciencias Ambientales (ICA), dependiente de la UNCuyo. Es que Papú y su equipo de investigadores elaboraron recientemente un informe  sobre las lámparas de bajo consumo y su composición química que, según arroja el estudio, resultan ser “más contaminantes y tóxicas” que las incandescentes, para el medioambiente, en su disposición final y hasta generarían más gasto de energía por la compleja composición química que implica su fabricación.

El científico, experto en problemáticas ambientales, asegura que para producir una lámpara de bajo consumo o lámpara fluorescente compacta (según su denominación técnica) se necesitan muchos más elementos que para un foco, entre ellos, mercurio, un elemento vital para que funcione, pero que es “tóxico y peligroso”. Por lo tanto, “se consume más energía a la hora de su fabricación, debido a su composición”, afirma Papú, quien lleva dos años trabajando en este asunto.

El estudio, que actualmente se encuentra a consideración de expertos de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), afirma: “Si lo miramos desde el punto de vista de la biología luminaria, se debe decir que las lámparas de bajo consumo son la peor luz artificial aplicada hasta el momento en los espacios habitacionales. Además, a esto se suma que las lámparas fluorescentes compactas emiten diferentes tipos de radiación no visible (radiactividad, radiación UHF, etcétera), con los efectos negativos conocidos para la salud humana. Una vez fuera de uso, las lámparas y las reactancias se convierten en una  carga ambiental incalculable, ya que contienen sustancias altamente tóxicas”.

En la conclusión del trabajo se agrega: “Hasta la actualidad no se ha encontrado la forma de poder reciclar las lámparas fluorescentes compactas y, por ende, deben declararse  como residuos peligrosos destinados para un tratamiento con una disposición adecuada. Es un caso típico para repetir el eslogan: ‘La mejor forma de resolver el problema de la basura es evitarla'”.

FABRICACIÓN DE UNA Y OTRA

Papú explicó a este diario las diferencias de composición que tienen una y otra lámparas. Así, el famoso foquito incandescente se compone de forma muy sencilla: un casquillo de vidrio, dos alambres de cobre y un filamento de metal. “No son elementos contaminantes y son fáciles de reciclar, mientras las de bajo consumo son mucho más difíciles de volver a usar”, aclaran desde el ICA.

En el caso de las de bajo consumo, se suma al mercurio el circuito eléctrico en el interior de las lámparas, el cual gastaría más energía a la hora de  fabricar y aporta otro elemento tóxico.

Así, la evaluación de las lámparas fluorescentes compactas basada en criterios ecológicos arroja “resultados definitivamente negativos”, según el estudio de la UNCuyo. “La producción y fabricación de las lámparas con sus dispositivos de control, que forman una unidad de producto, es muy costosa desde el punto de vista energético y de la materia prima a aplicar. Cuando se aplican para el uso demuestran una alta dependencia de factores externos (temperatura de ambiente, posición de colocación, frecuencia de encendido/ apagado, etcétera)”, enumera el informe.

DISPOSICIÓN FINAL, FALENCIA ESTATAL

Científicos y ambientalistas coinciden en que el problema más  grave es la disposición final del mercurio, como   también en que el Estado “brilló y aún brilla por su ausencia” en materia de gestión de residuos peligrosos.

Es que durante el canje del 2010 y el 2011 “no hubo ninguna campaña de concientización para tratar las lámparas de bajo consumo como sí ocurrió con las pilas y baterías”, advierte Papú.

Estas lámparas están clasificadas como “residuo peligroso”, al igual que los tubos fluorescentes, según lo estipula la ley provincial 5.917, que data de 1993, que adhirió a la ley nacional. En Mendoza fue promulgada a través del decreto 2.625. Las lámparas de bajo consumo se promovieron fuertemente en el verano del 2011,
mientras el 31 de mayo se prohibió la venta de luces incandescentes. Eduardo Sosa, titular de la Red Ambiental Oikos, asegura que la acción de Gobierno se realizó en momentos de crisis energética y que, “en su momento fue favorable porque ayudó a preservar las reservas energéticas y nutrir la matriz”.

Sin embargo, a la hora de evaluar la eficacia de este tipo de luminarias en la actualidad, Sosa es crítico: “Si hoy hay que hacer un balance, es más negativo que positivo el uso de las luces de bajo consumo”.

Desde Oikos proponen como alternativa la tecnología de LED, ya que esta no conlleva un alto costo ambiental ni de consumo energético. Al respecto, Sosa concluyó: “La toxicidad no sólo se expande en los basurales a cielo abierto, sino también en los hogares, ya que se respira. Por ello es necesario ventilar bien los ambientes cerrados para evitar la contaminación”.

 

EL MITO SOBRE LA VIDA ÚTIL

Las lámparas fluorescentes compactas que estén encendidas permanentemente  se acercarán a las 8.000 horas de vida útil prometidas por el fabricante. Pero, por ejemplo, si el usuario, por condiciones del lugar de trabajo, enciende la luz en la mañana una hora y después en la tarde otra hora, la duración de esta lámpara disminuye a 5.000 horas. Si la lámpara fluorescente compacta se ubica en un pasillo oscuro y se la enciende y apaga varias veces por día, esta lámpara se acerca a la vida útil de las lámparas incandescentes (2.000 horas).

En resumen, desde la UNCuyo afirman que las lámparas fluorescentes compactas ahorran energía solamente cuando están encendidas permanentemente.

Según explica Oscar Papú: “Tampoco estas lámparas duran lo que dicen los privados, que la fabrican, o el Gobierno cuando las promovió. Su ciclo de uso finaliza en un año si se las prende y apaga cotidianamente. Si se las cuida, pueden llegar a durar dos años como máximo”.

Es decir, que la gran mayoría de las lámparas que a principios del 2011 se canjearon por las lamparitas incandescentes, hoy están cerca de terminar su ciclo de vida y quedar en un basural, con todos los riesgos que esto implica.

“Su rendimiento económico (beneficio en iluminación en comparación con la electricidad consumida, vida útil o duración y precio por unidad) está lejos y, en general, es inferior a lo proclamado en la propaganda de venta y por sus fabricantes. Encenderlas y apagarlas muchas veces hace que su operación sea más cara que la de las lámparas incandescentes”, sentencia el informe. Las lámparas de bajo consumo y halógenas se promocionan por estos días en diferentes suplementos comerciales. La más económica, de 20W, se promociona a 24,95 pesos. Hay otras variedades de lámparas. Algunas llegan a costar 70 pesos y durarían más.

EL GOBIERNO PROMETE UN PLAN DE “RECOLECCIÓN DIFERENCIADA”

En voz de los ambientalistas y científicos de la UNCuyo, la principal falencia es la falta de gestión por parte del Estado en políticas de residuo urbano con alto nivel de peligrosidad para la población.

“Falta un sistema de gestión sobre el tema. No hay una política al respecto y creemos que el Estado no sabe qué hacer con la contaminación de estas lámparas”, dijo Eduardo Sosa, titular de Oikos. Desde el Instituto de Ciencias Ambientales aseguran que, a la hora de tirar las lámparas que cumplieron su ciclo de vida útil, nadie las separa ni las aísla del resto de la basura, cuando deberían tener un tratamiento especial. “Durante el canje faltó una campaña del Gobierno.

Ahora están caducando las primeras lámparas de bajo consumo y sería un buen momento para estudiar de nuevo la disposición final de este producto”, señaló Papú. Consultado por este diario, el secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Marcos Zandomeni, admitió que las lámparas de bajo consumo son contaminantes. “Hay mucho residuo como este y ya está dentro de lo que es la basura electrónica. Yo me pregunto, ¿qué hicimos en los últimos 25 años como Provincia en este asunto?”, cuestionó el funcionario. Por estos días, desde esa repartición trabajan en el armado de un plan de recolección diferenciada de residuos, según lo anunció ayer el jefe de gabinete de Ambiente, Alberto Gurruchaga.

El mismo implica cuatro pasos: identificar las corrientes de residuo (en este caso, lámparas), buscar el mejor mecanismo para llevar a cabo la recolección, encontrar un lugar para la disposición transitoria de esos residuos, analizar costos y financiación para conseguir la tecnología adecuada que procese este tipo de residuos.

Según Gurruchaga, antes de fin de año debería estar implementado el plan, que consiste en fomentar un nuevo canje en los usuarios, sólo que esta vez sería entre las lámparas de bajo consumo ya agotadas y las nuevas. “Lo importante es que podamos acumular ese residuo y, en gran escala, generar un paradero definitivo”, dijo el funcionario, quien reconoció a este diario que este año sería “la oportunidad”, ya que es época de recambio de lámparas, desde que se instaló el primer canje en el 2010 y aquellas lámparas cumplieron o están por cumplir su vida útil.

30/9/12 Fuente: Diario El SOL

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