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Abandono, suciedad y baches: los dolores de cabeza actuales de Mendoza

La provincia, que se destacó por su orden y aseo, vive acechada por calles rotas y basura; los ciudadanos exigen infraestructura al Gobierno.

Mendoza ya no es lo que era y no puede salir del “pozo”. La provincia, antaño destacada por su orden y limpieza, se ha transformado en una clara muestra de descuido, abandono, suciedad y calles destrozadas. Las escasas de obras de infraestructura vial y el gran crecimiento de los basurales a cielo abierto, sobre todo durante la gestión del gobernador kirchnerista, Francisco “Paco” Pérez, sumadas a la poca acción en la materia del actual mandatario radical, Alfredo Cornejo, y de los intendentes, han dejado en evidencia una realidad alarmante.

Así las cosas, los desperdicios y las hojas que se acumulan a la vera de las calles, acequias y veredas pero, sobre todo, los grandes baches que abundan por las arterias internas y las principales avenidas, se han convertido en uno de los grandes dolores de cabeza de los ciudadanos, quienes aseguran que ya están en riego sus vidas a la hora de transitar por la vía pública. Ya no son sólo la seguridad y el empleo, los grandes reclamos o quejas de los comprovincianos: los “cráteres” ganan terreno en las calles y tienen a la población a mal traer.

Los baches abundan en las grandes arterias
Los baches abundan en las grandes arterias.

Se estima que en la tierra del sol y del buen vino, al menos en la región metropolitana, denominada Gran Mendoza, que abarca los departamentos de Capital, Guaymallén, Las Heras, Godoy Cruz, Maipú y Luján de Cuyo, existen actualmente más de 100.000 pozos, según un relevamiento realizado sobre las comunas. Desde las áreas de Obras Públicas de la mayoría de estas municipalidades aseguran estar trabajando constantemente sobre esta problemática, aunque admiten estar desbordados y con bajo presupuesto para encarar una “revolución” vial. Prometen invertir millones en los próximos años, pero los agujeros, ahí están, inmunes. Por eso, las lavadas de cara que se les dan a las calles, con “taponeos” provisorios de ripio y alquitrán, duran lo que dura la espera de la próxima lluvia. Con cada precipitación, todo el material empieza a removerse, levantarse y desaparecer con cada pasada vehicular. A esto se suma, en pleno Otoño, las persistentes lluvias, la caída de las hojas y su acumulación en las acequias, lo que genera la obstrucción del agua y los consiguientes desbordes que terminan infiltrándose en el pavimento y deteriorando aún más todo.

“Circular por las calles de Mendoza es indignante, preocupante y muy peligroso. Todos los conductores hacemos maniobras que son riesgosas y que pueden terminar en una tragedia. No se ha invertido nada y las pocas obras que se hicieron son un desastre; hay grietas y pozos por todos lados y los autos también lo sufren demasiado”, expresó a LA NACION, Julio Gómez (52), vecino de Rodeo de la Cruz, en Guaymallén, localidad ubicada a más de 15 kilómetros de la capital provincial.

Mientras, no existe organismo oficial donde reclamar por las roturas en los vehículos. Desde la dirección provincial de Defensa del Consumidor aseguran que estudiarán la posibilidad de actuar ante este tipo de reclamos y desde la organización social Protectora piden que hagan presentaciones en los municipios. Pero, nadie se hace cargo. A la par, según advirtió el diario local El Sol, los mecánicos aseguran que por los pozos han crecido 50% las roturas del tren delantero de los coches.

De esta manera, los mendocinos hacen malabares para poder transitar, galopeando con sus vehículos al manejar y agarrándose la cabeza con cada golpe. “Estamos hartos y el Gobierno parece no darle prioridad a esto. Se necesitan obras, repavimentar, solucionar este grave problema para los vecinos”, se quejó Marta Medina, habitante del distrito Las Compuertas, en Lujan de Cuyo. “Hay que andar despacio, con cuidado, porque también se puede atropellar a alguien. Nos sentimos abandonados”, remató.

Pasó de ser Mendoza
Pasó de ser Mendoza.

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