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Asociación De Defensa de Usuarios y Consumidores: La economía familiar en jaque por más subas en las góndolas

El «efecto de arrastre» de la carne ya impacta en toda la canasta alimentaria. Quejas de consumidores

Ni relevamientos, ni cálculos matemáticos, ni análisis de la cadena de producción. Resolver cuál es el impacto real que tiene la suba de precios en el presupuesto familiar puede ser bastante más simple: alcanza con despegar un imán de la heladera y levantar el teléfono: la docena de empanadas ya roza los 60 pesos en algunos comercios de La Plata, mientras que otro clásico del delivery como es el «vacío para dos con ensalada», está en 70. También se puede ir a la carnicería y pagar 34 pesos el asado que hace apenas veinte días atrás estaba 27. O ver de cerca los carteles de algunas verdulerías que -por lo menos hasta ayer- le ponían al morrón colorado el delirante precio de 25 pesos por kilo.

Con todo, diferentes relevamientos de entidades de consumidores coinciden en que carnes y verduras subieron hasta un 30 por ciento en dos meses, una rápida escalada que suma más erosión al bolsillo y ahora obliga a recalcular el presupuesto de la casa para hacerle frente a los gastos de la canasta alimentaria. En otras palabras, con el mismo ingreso se compra bastante menos que el mes pasado.

Si bien los aumentos alcanzan a varios productos de la canasta -como lácteos y harinas-, la carne aparece en escena como principal sospechosa de la actual escalada. «Es la que arrastra, la que empuja o si se quiere tracciona los precios de todos los rubros de la alimentación», señalan especialistas de asociaciones de consumidores y en ese sentido grafican que «una corrección en la pizarra de un carnicería se puede trasladar en cuestión de días a varias góndolas de un supermercado».

Ganado que se guarda para engorde, fletes más caros, frigoríficos que tienen costos cada vez más altos, o simple especulación, lo único cierto es lo que está escrito: 34 pesos el kilo de asado (contra 27 promedio que costaba en agosto), 40 el matambre (estaba 32 el mes pasado), 36 la nalga (subió 6 pesos en 20 días), y 57 el cada vez más prohibitivo lomo (se conseguía por 10 pesos menos en agosto).

Esos son algunos de los precios que ya se exhiben en varias carnicerías de La Plata, último eslabón de una larga cadena que arranca con al animal vivo en una manga a la espera de un viaje al mercado, o directamente al matadero. Lo que reflejan los comercios minoristas tiene mucho que ver con Liniers -termómetro nacional-, donde el ganado subió 27 por ciento en lo que va de octubre y el novillo tocó en las últimas horas una cotización récord.

«La carne es un indicativo de incremento de todos los productos alimenticios. Cuando sube uno o dos puntos, los otros elementos de la canasta aumentan por lo menos medio punto. Es un arrastre constante», señala Osvaldo Bassano, presidente de la Asociación De Defensa de Usuarios y Consumidores.

Bassano insiste con eso del efecto dominó y señala que un aumento de entre 20 y 30 por ciento «significa mucho para la mesa argentina, porque la carne arrastra los precios de todos los productos». En ese sentido agrega que en lo que va del mes ya «se detectaron incrementos en harinas y aumentos muy fuertes en leches».

VERDURAS EN LLAMAS

En la lupa de las asociaciones de consumidores también están las frutas y verduras, cuyos precios -al menos este año- parecerían abandonar el histórico y natural argumento «estacional» para aterrizar en el campo del descontrol absoluto. Hay que decirlo con ejemplos: el tomate, más o menos, es el mismo en todas las verdulerías. Pero, según el barrio, el precio se mueve entre 5 y 12 pesos por kilo, es decir 7 pesos de diferencia entre los extremos.

«Lo de las verduras es significativo porque en este momento no es que estén faltando productos. Hay subas de 22, 23 y hasta 30 por ciento; y en esto llama la atención el tomate, que en algunas verdulerías trepó a 11 pesos, en otras se vende a 8, en algunas a 5 y hasta lo hemos encontrado a 3», aporta el presidente de la Asociación De Defensa de Usuarios y Consumidores.

Aunque con menos impacto que la carne -por una cuestión de consumo-, entre las verduras hay incrementos que superan el 30 por ciento. Un caso es el de los pimientos o morrones colorados, que en muy pocos días pasaron de 10 a 27 pesos por kilo -lo que equivale a una suba del 93 por ciento-, aunque este fin de semana se podían conseguir por unos 18 pesos promedio en algunos comercios de La Plata.

También está dando la nota la calabaza, que sumó cuatro pesos por kilo (de 4 a 8) de la noche a la mañana, y lo mismo sucede con los limones (de 6 a 8, un 33 por ciento de aumento) y tomates perita, que estaban a 8 pesos y ahora no bajan de 12 (50 por ciento de aumento).

«SE COME LOS BOLSILLOS»

«Con estas subas cotidianas, la inflación se está comiendo los bolsillos de la gente», dice Susana Andrada, titular del Centro de Educación al Consumidor (CEC), y con esas palabras reafirma lo que denuncian los consumidores: «Con la misma plata se compra cada vez menos».

Desde ya que cada aumento tiene sus argumentos de defensa. Sea por una ola de frío polar, por una ola de calor tropical, o simplemente por alguna «ola», sin mayores precisiones, cada precio que exhiben las verdulerías parecería tener una historia propia. «Acá no hay nada estacional», denunció horas atrás Andrada, y redondeó: «Históricamente estos productos comienzan a aumentar en septiembre y octubre y no paran hasta diciembre».

LECHE

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