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EL SUEÑO DE LOS CREADORES – EDITORIAL

EL SUEÑO DE LOS CREADORES

Hace algún tiempo, leía un artículo sobre la gran diferencia que hace a los estilos de vida Europeo y Americano. A raíz de ello, se me ocurrió elaborar esta pequeña reflexión.

No son grandes cosas las que marcan la diferencia, son tan solo aquellos detalles que hacen al nacimiento de las convicciones, respecto de las  cuales un hombre se levanta cada mañana; e idealiza principios que hacen que sus acciones se encaminen hacia un objetivo claro, preciso, concreto y satisfactorio para la posteridad.

Para que ello ocurra espontáneamente y sin hesitaciones extras, es menester que exista un ideal abstracto general que inspire las acciones de gobierno, de las personas, de las empresas y de las instituciones.

Las motivaciones individuales de una persona no son suficientes a lo largo del tiempo, para sustentar el desarrollo de proyectos de vida que satisfagan en promedio a quienes participan de esa idea.

En relación a ello, cabe hacer una necesaria referencia a la existencia de los valores, como motor básico e inspirador de las acciones a las que hacía referencia.

El Estado, entendido el mismo, como el máximo organigrama de la organización social; debe propugnar el establecimiento, continuidad y perpetuidad de los valores que inspirarán su accionar. Sin valores, no hay manera de hacer extensibles las decisiones que se tomen para conducir la vida de las personas que se someten a su autoridad.

El establecimiento de los valores, proviene del bagaje cultural que transitó el grupo que forma el Estado. Ese bagaje se apiló durante años, décadas y siglos de vivencias y acciones que desembocan en la actualidad.

La continuidad de los valores establecidos es la segunda gran responsabilidad que tiene el Estado, ya que de ello depende la perpetuidad de los mismos sin importar la persona o grupos de personas que les toque dirigir las acciones. Claro está que hablar del Estado incluye a los que les toca gobernar, como a los gobernados y todas y cada una de sus estructuras. Las instituciones.

El establecimiento a perpetuidad de estos conceptos significará el arma más importante con que se inspirará cada uno de los individuos que encaren las acciones de sus proyectos; llámese el Estado para ordenar el camino a seguir, llámese de un ciudadano al resolver encarar su familia, su profesión, llámese de una empresa que planifica su plan estratégico para los próximos años de su existencia.

En el establecimiento de normas que hacen a la convivencia de las personas, es indubitable e innegable, la necesidad de establecer reglas claras, para que ello sea posible. Lo primero, es que toda regla que se precie de tal, debe tener un objetivo claro de trascendencia, y un contenido de los valores perpetuos del Estado. Este concepto expresado en estos dos renglones son el pivot necesario para establecerlas.

La primer regla la podemos llamar la de las CUENTAS CLARAS. Es el motor de arranque en todo proyecto colectivo, ya que significa que cada uno de los integrantes del grupo sabrá cual es su aporte al sistema y cual será el beneficio, en términos de ganancias o pérdidas al final del proceso de desarrollo del proyecto.

La segunda regla es la PROGRAMACIÓN. El plan es la expresión máxima del espíritu del proyecto. Todos y cada uno de los individuos y factores que participan deben tener sus acciones programadas y consentidas por el espíritu del proyecto.

La tercera regla es PERTENENCIA. En el convencimiento del plan, y los valores que lo inspiran, cada uno de los individuos que forman parte del grupo, tienen puesta la misma camiseta del proyecto.

A modo de ejemplo; hubo un grupo de hombres que pensaron hacer un proyecto; era la Argentina de la generación del ´80 (1880); indudablemente tenían y existía en ellos esta convicción para desarrollar su plan de trabajo. Transmitieron a toda la sociedad estas reglas. Inspiraron cada una de sus acciones. Tuvieron grandes ideas, que permitieron el desarrollo sustentable de su plan a lo largo de muchas décadas, y hoy podemos decir siglos. Fijaron valores que a nuestros días, resultan válidos. Pensaron en educar, planificar, desarrollar; pero, probablemente les faltó establecer los valores que debían perdurar, y que de continuar, iban a hacer perpetua su obra; y el desarrollo, no solo habría sido de una generación, sino de muchas generaciones.

Vale este ejemplo para imaginar cuan fuerte puede ser un plan con objetivos claros, precisos y con un fuerte contenido de valores. Toda creación, debe necesariamente estar inspirada en valores, ya que serán el corazón del desarrollo del proyecto.

La seguimos pronto. JLR

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