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Atractivos juegos televisivos, SMS con promesas de autos y vacaciones sin cargo, mensajes premium contratados sin darse cuenta. El mundo del ventajeo por todos los medios.

th_424293473_20120923_012248_canal13_1_1mp4_000001480_122_771loLa chica es voluptuosa, simpática y parece interesada. Te mira fijo, se mueve, baila acompañada por su estructura monumental, de golpe parece un ángel atravesando el living de tu hogar, un ser de luz que te invita a llamarla.
Te obliga a marcar bajo el pretexto de “Cuanto más marcás, más posibilidades tenés de ganar”. Claro que la fantasía termina cuando la noche se esfuma sin premio alguno. Entonces, cuando llegue la factura del teléfono, la chica se volverá sirena y su canto un camino sin retorno.
¿Quién no estuvo tentado de mandar un mensaje a un programa de juegos televisivo o responder el de alguna telefónica prometiendo que ganó el soñado 0 kilómetro? La lista de empresas cuestionadas tiene, además, compañías de turismo y venta por Internet, que gracias a artilugios de marketing eluden con éxito dispar la ley 24.240 de Defensa del Consumidor.
Dios no manda SMS. “En una página de Internet, mi hermana se ganó crédito para el celular. Como al suyo se lo paga la empresa, puso mi número para regalarme ese crédito extra. Pero en vez de eso, desde ese momento comenzaron a llegarme mensajes, unos cuatro por día, a las 6 de la mañana, a las 12 de la noche, ‘invitándome’ a bajar las fotos de Luciana Salazar y otras chicas. Nunca respondí mensaje para bajar las fotos, pero me di cuenta de que me cobraban 2,40 pesos cada vez que llegaba un SMS. Llamé a Personal, me quejé y pedí que bloquearan ese número, pero al día siguiente me volvieron a llegar. Es una pesadilla: encima la telefónica dice que ellos no tienen nada que ver”, cuenta enojado Alejandro Goldín, uno de tantos afectados por la publicidad engañosa y los onerosos spam telefónicos.
Cuando historias como esta comenzaron a repetirse, la asociación Usuarios y Consumidores Unidos (UCU) lanzó una campaña para reunir a todos los damnificados y realizar una presentación conjunta ante la Comisión Nacional de Comunicaciones y la Subsecretaría de Defensa del Consumidor, los organismos reguladores. Adrián Bengolea, presidente de la ONG, explica: “Hay gente que no denuncia porque el importe no le viene en la factura o porque son clientes prepagos y sólo ven que el crédito se va más rápido o no se fijan que les están cobrando esos supuestos mensajes premium”.
Pero algunos usuarios, al reconocer el incremento en sus deudas, hacen reclamos en Atención al Cliente de la empresa –algunos reintegran lo cobrado sin más y en otros casos no pasa mucho, algo que se revierte cuando la gente va a Defensa del Consumidor o envía una carta documento intimando–. “Ellos miden en relación al caso de seriedad –agrega Bengolea–. Es un típico caso de culpa lucrativa, donde especulan que, de 100 engañados, sólo reciben 10 reclamos. El problema es que las estrategias de engaño son muchas”.
“Agendá mi nuevo número”. Así comienza otra de las estafas telefónicas en boga. Cuando los usuarios responden el mensaje, caen en la pesadilla del spam. Si por error se contesta, comienza a girar la rueda de la facturación.
En otros casos, “prometen autos, mensajes de texto gratis, celulares y viajes, pero lo único que hacen es quedarse con los datos del usuario y cobrarle los mensajes. Parece poco dinero, pero si se multiplica 5 pesos por 36 millones de usuarios, es una fortuna”, explica Osvaldo Bassano, presidente de la Asociación de los Derechos de los Usuarios y Consumidores (ADDUC).
“Son servicios que se basan en el engaño. Podés llegar a contratarlos por páginas de Internet que prometen películas gratis: incluso parece que va a empezar la película, te invitan a poner el teléfono y si lo hacés, te adhirieron al servicio. El último invento es el SAT Push: desde el mismo pin de la empresa se abren cuadros en la pantalla cada tanto, donde podés aceptar o cancelar: si aceptás, ya estás suscripto. En los teléfonos táctiles pasás el dedo por error y te suscribiste. Es tremenda la cantidad de gente que entra a este sistema”, suma Bengolea. Abrumado por la cantidad de denuncias, en septiembre pasado el Ministerio de Planificación abrió un proceso para apurar la reglamentación del decreto Nº 1172 que regirá sobre el vínculo entre usuarios y empresas de servicios móviles.
Desde el año pasado, en España, empresas cuestionadas en la Argentina están obligadas a requerir información personal y consentimiento antes de adherir nuevos usuarios. “Prácticamente, un examen de ADN que rompe el sistema. El doble estándar de Movistar es ¿por qué protege a los clientes en España y no en la Argentina?”, cuestiona el presidente de UCU. A la lista se suman las firmas Claro y Personal.
“Llamé mil veces a Personal para que dejaran de llegarme esos mensajes, pero como nunca ocurrió, tuve que dar de baja el número telefónico”, se enoja Goldín. Del otro extremo de la balanza, una portavoz de la empresa respondió a Veintitrés que “el rol de las empresas de celulares en los casos de servicios de infotainment es ser el canal de prestación de un servicio adicional entre el cliente y un tercero”, y negó que la firma sea parte interesada. Aunque la facturación corre por su cuenta.
 
Regalones. “Otra argucia muy frecuente es la de las empresas que comercializan servicios turísticos y prometen regalos a cambio de ir a sus oficinas a un té, por ejemplo. La gente se va de esos lugares con una promesa de una estadía sin cargo y servicios que no esperaba contratar. Cuando quieren canjear el premio, resulta que no hay cupos”, dice Bassano. Entre las más denunciadas, Royal Holidays Club y Solanas Vacation Club, que prometen viajes a la costa argentina y uruguaya.
Ambas firmas ofrecen membresías con tentadores hoteles, resorts, villas, condominios y hasta cruceros que integran el programa vacacional del club. “Nos pareció raro que para retirar un premio tuviésemos que ir mi esposa y yo. Cuando llegamos, lo único que escuchamos fueron ofertas para comprar un sistema vacacional que no podíamos costear. Dijimos que no y reclamamos el voucher que me prometieron con dos estadías en Mar del Plata, pero cuando lo fui a canjear no había plaza disponible: nos sentimos dos tarados”, sintetiza Ramiro Sordowsky su experiencia con Solanas.
También en el rubro avivadas están las cuponeras y sus promesas de viajes a precios bajos. Elena Pietro compró el año pasado un viaje por Groupon y terminó decepcionada: su voucher incluía condiciones que no cumplieron. “Me prometían un hotel frente al mar en Playa del Carmen, y como se les llenó, querían mandarme a otro. Me costó, pero hice que me devuelvan el importe”, recuerda. Esa temporada estival la pasó en la costa argentina.
“En el caso de las cuponeras, ahora exigen que la empresa de turismo ponga datos legales. Eso, por lo menos, facilita mandar una carta documento. Los clubes vacacionales no tienen esa facilidad y figuran con oficinas registradas en cualquier parte: cuando los vas a buscar para llevarlos a la Justicia, se fueron”, sentencia Bassano.
“La gente acá está acostumbrada al no reclamo porque es desgastante. Siempre terminás negociando. Todas las empresas son iguales”, apunta Celina Cassi, perjudicada por la venta online. En su caso, fue intentando comprar un juego de living en la cadena Easy. “Respondí a un newsletter con promociones, pagué con tarjeta y esperé al día pactado para la entrega. Cuando las cosas no llegaron, llamé y me avisaron que no tenían más stock: querían obligarme a aceptar otro producto”, recuerda. Aunque en estos casos, la ley 24.240 prevé normas de protección y defensa a los consumidores que garantizan la devolución del importe, para ella no resultó tan fácil, aunque logró recuperar el dinero.
Esa chica, el negocio. “Llamá y ganá 5 mil pesos”, grita la modelo de turno desde el plató de la palermitana Telemedia. Ya son casi las dos de la mañana y su turno está por terminar. Hoy los televidentes fueron generosos y llamaron en cantidad, aunque pocas voces llegaron al éter para tratar de unir las pocas letras y formar la palabra. “Siempre me parecieron extraños esos programas. Hace un mes llamé para ver qué pasaba y me atendió un contestador haciéndome otra pregunta: al responder correctamente me cortaron la comunicación”, cuenta Valeria Ericson sobre su experiencia con CallTV. Un juego que realmente es una compra: cada mensaje y llamado se cobra, sin garantizar que los participantes puedan jugar al aire y ganar el preciado efectivo.
“No tienen un sitio donde consultar las bases y tampoco la indicación clara de que te van a cobrar todos los mensajes”, denuncia Bassano. Su par Bengolea agrega: “Sin prejuicio de la acción colectiva, en todos los casos aconsejamos radicar la denuncia en el centro consumidor de cada localidad, o enviar carta documento”.
Con intentos de ser regulado, por ahora el mundo de la estafa 2.0 parece legislado por la ley de la selva. Uno donde las chicas lindas prometen un tesoro inalcanzable, pero que cuesta.
8/12/13 Fuente: Revista Veintitres

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