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Contaminación Visual

Fallo por Contaminación Visual

15 julio 2009. La Sala II de la Cámara en lo Contencioso, Administrativo y Tributario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, luego de tres años de iniciado,  hizo lugar al amparo presentado por Proconsumer ordenando al GCBA para que en 20 días efectúe un relevamiento y la remoción de todos los carteles de publicidad que se encuentran instalados en infracción en todos los clubes privados de la zona y el área definida en la demanda.

Por Daniela Hacker

Proconsumer, como entidad ambientalista y defensora de los derechos del consumidor, inició dicha acción con el objeto que el GCBA tome las medidas correspondientes para que cese la ilegitimidad por la proliferación de carteles de publicidad contaminantes y perjudiciales para la salud de la población, instalados a los costados de las Avenidas Leopoldo Lugones e Intendente Cantilo, entre Sarmiento y Gral. Paz, zona del Aeroparque Metropolitano y desde la Escuela de Mecánica de la Armada hasta la finalización de esa ruta.

El GCBA, pese a coincidir con la actora en la ilegitimidad de numerosos carteles publicitarios, así como en la peligrosidad y los perjuicios que pueden derivar para los conductores que transitan esas vías, no ha tomado medidas eficaces para conjurar el riesgo.

Los anuncios y/o dispositivos publicitarios contravienen en forma insalvable la Ley Nacional de Tránsito Nº 24.449, su Decreto reglamentario Nº 779/95, el Código de Planeamiento Urbano y el Código de Habilitaciones y Verificaciones de la Ciudad de Buenos Aires. En cuanto a los clubes, se encuentra prohibido todo tipo de publicidad, carteles, letreros y avisos comerciales, de acuerdo con la Ordenanza Municipal Nº 33.919.

Nota relacionada

Contaminación Visual

Este tipo de contaminación percibida a través del sentido de la vista expone diariamente a millones de personas, principalmente en las ciudades, a estímulos agresivos que las invaden y contra los cuales no existe ningún filtro ni defensa.

La contaminación visual se refiere al abuso de ciertos elementos «no arquitectónicos» que alteran la estética, la imagen del paisaje tanto rural como urbano, y que generan, a menudo, una sobreestimulación visual agresiva, invasiva y simultánea.

Dichos elementos pueden ser carteles, cables, chimeneas, antenas, postes y otros elementos, que no provocan contaminación de por sí; pero mediante la manipulación indiscriminada del hombre (tamaño, orden, distribución) se convierten en agentes contaminantes.

Una salvaje sociedad de consumo en cambio permanente que actúa sin conciencia social, ni ambiental es la que avala (o permite) la aparición y sobresaturación de estos contaminantes. Esto se evidencia tanto en poblaciones rurales como en aglomeraciones urbanas de mayor densidad. Pero lógicamente es en las metrópolis, donde todos estos males se manifiestan más crudamente.

Todos estos elementos descriptos influyen negativamente sobre el hombre y el ambiente disminuyendo la calidad de vida.

La cartelería publicitaria es el agente más notorio por su impacto inmediato, creando una sobreestimulación en el ser humano mediante la información indiscriminada, y los múltiples mensajes que invaden la mirada. Así el hombre percibe un ambiente caótico y de confusión que lo excita y estimula, provocándole una ansiedad momentánea mientras dura el estímulo.

La simultaneidad de estos estímulos a la que se ven sometidos, por ejemplo,  los automovilistas, pueden llegar a transformarse en disparadores de accidentes de tránsito. Dado que pueden llegar a generar distracción, e incluso a imposibilitar la percepción de las señales indicadoras de tránsito. Esta situación, inevitablemente, actúa también en detrimento de los mismos medios de comunicación, mimetizando los diferentes signos y señales a que se somete a los individuos, camuflándose mutuamente y perdiendo fuerza la clara lectura del mensaje.

Pero estos agentes también afectan notoriamente al espacio físico.

Se ven así fachadas destruidas u ocultas por la superposición de carteles, estructuras metálicas y chimeneas. La arquitectura aparece desvalorizada y miniaturizada. El cielo oculto por cables y antenas. El espacio público desvirtuado e invadido por postes, sostenes de carteles, refugios; el tránsito peatonal entorpecido; y la vegetación destruida. Este panorama es terriblemente agresivo para el hombre común, imaginemos cuánto lo es para un discapacitado, niño o anciano.

Esta situación no sólo atenta contrala belleza del espacio urbano, sino también sobre la lectura poco claraque tienen los individuos del mismo, dificultando la identificación del habitante con su ciudad.

Una ciudad con contaminación visual denota un estado con falta de política para la ciudad, con una regulación deficitaria o inexistente del espacio público y privado. Así las ciudades se convierten en escenarios de millones de decisiones individuales despreocupadas por su entorno, que conviven formando un caos difícil de asimilar por el ojo humano.

La contaminación visual debe ser considerada definitivamente como un tema ambiental, y se debe legislar en concordancia. Se debe tomar conciencia de que no se trata solamente de intervenir sobre medidas y proporciones de carteles. El estado debe tener una política ambiental global con reglas claras y precisas cuya finalidad sea una mejor calidad de vida para todos. Así como la degradación es voluntaria y producida por el hombre también debe ser controlada y modificada por él.

Fernanda García

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