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El precio de ser mujer: desigualdad que no se ve

000810202-superEl “impuesto rosa” se trata de productos donde sólo cambia la presentación, y para hombres son más baratos.

El 2015 se caracterizó por una inédita manifestación social por la igualdad de género, sobre todo ante la violencia contra la mujer. Las distintas protestas y marchas bajo el lema “Ni una menos” le dieron visibilidad a los maltratos que sufre el género femenino, al punto de convertirse en uno de los principales temas abordados en las recientes campañas electorales.

Sin embargo, en las mismas calles del centro mendocino donde la gente se manifestó contra la violencia existe un factor discriminatorio que está a la vista de todos pero no se señala: el “impuesto rosa” (o PinkTax) . En ciertos productos, el precio es más elevado si la presentación está orientada a ellas.

Desigualdad de precio

El fenómeno se da, sobre todo, en los productos de higiene personal, donde es más fácil comparar artículos de marcas similares destinados a géneros distintos. Si el comprador está atento en el supermercado, puede notar la diferencia entre el pasillo de hombres y mujeres.

Cuando se toma un solo ejemplo, la diferencia puede no superar los cinco pesos. Pero, la suma del desequilibrio entre todos los elementos para cuidado personal, que se repite todos los meses, termina conformando una cifra significativa.

La gran mayoría de los desodorantes Rexona, por ejemplo, cuestan 28,90 pesos en el área masculina y 30,10 los que anuncian más componentes. Del otro lado, las versiones femenina valen 34,10. Si se habla sobre oler bien, un perfume Kevingston de 50ml tiene un valor de 194 pesos para hombres y 200,50 para su equivalente femenino.

Los productos similares tienen precios diferentes según el género.

Las máquinas de afeitar desechables poseen mucha variedad dentro de las mismas marcas, tanto en precio como en modelos. Pero los packs por cuatro de Bic cuestan 56 pesos para ellos y 62 para ellas, con una presentación más colorida.

Lo mismo ocurre con los champúes. Head&Shoulders ofrece dos versiones contra la caída del pelo: a 25 pesos si es para hombres y a 36 si muestra un largo rizo sobre la etiqueta.

La comparación es difícil de realizar, no sólo porque los mismos artículos están en estantes diferentes, sino también por las leves variaciones que asegura tener, por ejemplo, un acondicionador “for men” de uno rosa. Para el asesor legal de la ONG Protectora, Mario Vadillo, con frecuencia, estos cambios entran en la categoría de publicidad engañosa. “Exageran algo que el producto naturalmente ya tiene o refuerzan con el empaque el público al que está dirigido, pero la diferencia no existe”, señaló.

Vadillo indicó también que no se reciben reclamos por el tema, a pesar de que “claramente es una discriminación por género”, al tratarse del mismo producto y calidad, pero con mayor precio, argumentando un contenido especializado.f

A su vez, el titular de la Dirección de Defensa al Consumidor, Sergio Rocamora, indicó que a nivel oficial no existe un análisis comparativo sobre estos precios. “Es una diferencia que uno la percibe, la puede ver en distintas áreas”, señaló el funcionario, pero aclaró que el hecho no constituye una infracción a nivel comercial.

“Hay una normativa de la Secretaría de Comercio de la Nación que entró en vigencia esta semana, en la que se obliga a las empresas a homologar las etiquetas y empaques, para que al consumidor le sea más sencillo comparar”, explicó Rocamora.“Es una solución al juego que realizan algunas marcas con la información y el empaquetado, que confunden al consumidor que quiere saber qué producto le conviene”, agregó.

El impuesto rosa puede percibirse en distintas áreas.

Porque vos lo valés

El “impuesto rosa” ha tomado trascendencia en los últimos años alrededor del mundo, sobre todo en las redes sociales, donde bajo el hashtag #womantax, se publican imágenes con casos de diferencia de precio. Rocamora, responsable de Defensa al Consumidor, señaló que hay empresas que se aprovechan de los sectores dispuestos a pagar más por ciertos artículos.

Pero ante la falta de organismos que tomen medidas contra esta situación, en distintos lugares del mundo se organizan distintos reclamos en busca de una solución. En Francia, la asociaciónGeorgette Sand, logró que la asamblea local comenzara una investigación sobre el tema, tras reunir 50 mil firmas solicitando al Gobierno que elimine la diferencia de precios por género.

Desde la organización señalaron en su sitio web que las respuestas de distintas empresas ante esta desigualdad van desde los componentes diferentes en la fabricación hasta el precio que decide poner el distribuidor. Aún así, muchos no aportan datos claros ante la diferencia.

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