Es cuestión de pasear por la peatonal o visitar alguno de los shoppings para observar que la multiplicad de opciones para financiar la compra de electrodomésticos, sobre todo los de más alta tecnología, es numerosa. De la mano de los créditos al consumo por un lado, o de las tarjetas de crédito —tanto de bancos como de entidades financieras— los comercios salieron con una agresiva oferta de financiación para seducir a los clientes especialmente alentador por el fenómeno que provoca el Mundial de fútbol.
Los planes de cincuenta cuotas son una alernativa tentadora e implican una nueva modalidad para el fomento del consumo que viene en ascenso desde principios de año. Según el índice de confianza que elabora periódicamente la Universidad Di Tella, “en los tres meses previos al arranque del presente Mundial el índice de confianza creció un 17,5%, situación que se refleja en el boom de compras de televisores, principalmente”, indica el estudio.
La letra fina. De todos modos, lo que se presenta como la panacea de la compra, suele resultar en algunos casos, una trampa para el consumidor. En ese punto, el Mundial actuó como la excusa ideal para dar rienda suelta a promociones, sobre todo de televisores LCD, en planes de muchas cuotas, que eran habituales en los planes de adquisición de bienes de uso como autos pero poco usuales para este tipo de productos vinculados con la tecnología.
Fuente: Diario La Capital
Según los analistas consultados, el consumidor no sólo tiene más posibilidades de acceder al objeto deseado sino además tiene la “ilusión” de jugar con la inflación considerando que con los planes de financiación podrá licuar costos.
“Hay muchísimas cuotas, llegan incluso hasta 50 y esto es muy extraño. Es razonable comprar un auto en 50 cuotas pero dejar a la gente que compre en el supermercado en 20 cuotas es una locura”, consideró el presidente y fundador de Tarjeta Naranja, David Ruda, durante una entrevista con La Capital en mayo pasado.
Para el empresario, este tipo de financiación a la larga termina perjudicando al consumidor “porque llega un momento que la gente no puede pagar”.
Además, la oferta ilimitada de opciones de crédito tiene su contractara, entre ellas la letra chica de los acuerdos comerciales como aquellos que vinculan al cliente con un banco vía una tarjeta de crédito. Incentivados por los planes en cuotas muchos consumidores se hacen de un plástico sin tener en cuenta que el contrato de vinculación incluye gastos de renovación y envío (entre otros) que a la larga terminan conformando un costo total del producto mucho más elevado que el que figura como precio de compra.
Contra la inflación. Desde la Oficina Municipal de Defensa del Consumidor, Ariadna Fiamarello, asesora en ese tema, explicó que hay un pensamiento generalizado que es el hecho de que mediante estos financiamientos se puede “licuar la inflación” sin tener en cuenta que “en el caso de la tecnología, cuando finaliza el plan el producto ya es obsoleto. “Con la euforia del mundial la gente se volcó a los LCD, pero con el tiempo este modelo no se puede sostener. Se llegan a dar hasta 50 cuotas sin interés pero por esta cuestión particular. Sin embargo, el modelo de financiación de 3 o 6 cuotas sin interés que dan algunas tarjetas no varió demasiado, salvo en aquellas promociones especiales como las de un día en un shopping o por el Día del Padre”, dijo.
También las caras de felicidad se opacan a la hora de analizar minuciosamente el nivel de tasas que paga el consumidor por la financiación a largo plazo. Actualmente oscilan en el rango del 33 al 37 por ciento y en los últimos meses se mantienen en niveles estables. Mercado fragmentado. Al respecto, Fiamarello observó que el mercado “está estratégicamente fragmentado” en función de los acuerdos comerciales que realizan previamente las grandes cadenas y los bancos y son estos últimos los que sacan mayor beneficio ya que mantienen una clientela cautiva y también la acrecientan.
“Desde el punto de vista del consumidor, le sirve tener una tarjeta, pero el gran tema es la renovación”, insistió.
En tanto, Daniel Moreiro, director de calidad y contenido de la consultora CCR, indicó también que el gran negocio de este sistema es mantener los clientes por cuatro años, sobre todo para los bancos.
“EL consumo es alimentado por estas diversas formas de pago y seguirá así en función de los resultados que le den a las compañías y a los bancos. Si esto resulta interesante, al consumidor le va a seguir aceptando. Y eso se hizo sentir fuerte en el primer semestre”, dijo.
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