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Por qué fracasan las naciones

Una teoría sobre la riqueza y pobreza de las naciones, en el flamante best seller de dos académicos estadounidenses

América Latina no es más pobre que Estados Unidos por la moral de trabajo protestante, por el calor que se pasa en muchos países del trópico o por los españoles que la colonizaron. América Latina es más pobre porque un día fue inmensamente rica. Su oro y el sometimiento a la esclavitud de sus habitantes permitieron una economía extractiva basada en la explotación de muchos por unos pocos. A los ingleses esa posibilidad les fue vedada. En América del Norte escaseaban el oro y la mano de obra local, y sobraban los estímulos para salirse de la colonia cada vez que la autoridad intentaba recortar libertades. La única forma de conseguir una colonia económicamente viable fue crear instituciones que incentivaran a los colonos a invertir y trabajar.

Es la tesis del libro Why Nations Fail (Por qué fallan las naciones; Crown Publishers, 2012), que explica la diferencia en prosperidad de los países por un factor clave: la calidad de sus instituciones. Ni cultura, ni geografía, ni religión. Los ricos son ricos porque desarrollaron instituciones que repartían la actividad económica y el poder político entre más ciudadanos. En la terminología del libro, son ricos hoy porque ayer crearon institucionesinclusivas , y no extractivas.

Entender en qué momento y por qué decidieron crear ese tipo de instituciones es otra cuestión. Según los autores, Daron Acemoglu y James Robinson, los momentos de inflexión suelen estar relacionados con incentivos egoistas de la clase gobernante, como el de colonizar un país, en el caso estadounidense. Pero también hay excepciones. Botsuana pasó de ser uno de los países más pobres de Africa en 1966 a una renta per cápita de US$16.500 en 2012 (estimación del FMI con ajuste por el poder adquisitivo). Según el libro, se lo debe a la apuesta que hizo Seretse Khama, su presidente entre 1966 y 1980, por abrir y fortalecer las instituciones democráticas. ¿El incentivo? Lograr el bienestar de su pueblo.

El caso de Botsuana sirve para ilustrar otra de las tesis de un libro elegido por el diario Financial Times para figurar entre los aspirantes a la mejor obra de economía del año, y es la idea de que las elites de los países pobres saben bien que para hacer crecer a sus naciones tienen que ampliar los contrapesos democráticos y derrumbar las instituciones que permiten privilegios económicos para unos pocos. Si no lo hacen, dicen los autores, es porque el incentivo de mantener su posición privilegiada pesa más.

Desde su despacho en el MIT, donde enseña economía política, Acemoglu habló por teléfono con iEco sobre el libro al que él y James Robinson (politólogo de la Universidad de Harvard) dedicaron sus últimos dieciseis años de investigación, un campo en el que se sienten herederos del fundador de la ciencia económica moderna, Adam Smith, y de su libro La riqueza de las naciones: “No tratamos de competir con Adam Smith, pero está claramente inspirado por su obra”.

– Lo principal es tener buenas instituciones y sin embargo el libro está lleno de factores geográficos, históricos y culturales que marcan el nacimiento de esas instituciones…

–Lo que combatimos es la idea de que esos otros factores lo pueden explicar todo. La explicación de Montesquieu, por ejemplo, de que los países cálidos tienen poblaciones más perezosas y que suelen ser gobernadas por autócratas. Pero por supuesto que los otros factores son importantes.


– Escriben que el modelo extractivo impuesto por la colonización española condicionó el desarrollo de América Latina, ¿por qué no incluyeron la geopolítica de hoy para explicar la pobreza?

–Son factores importantes que mencionamos sólo de pasada porque no queríamos sacar el foco del otro tema: que si hoy Medio Oriente es pobre, con excepción de los países productores de petróleo, es por culpa de sus instituciones y eso es un problema interno. Aunque haya factores externos, no se puede culpar a los de afuera, ni esperar que ellos resuelvan tus problemas. En lo que hay que pensar es en la dinámica doméstica para mejorar las instituciones.


– ¿Por qué no añadieron consejos sobre la forma de mejorar esas instituciones?

– Por una razón muy simple: no lo sabemos. No es un asunto trivial. La tesis central de nuestro libro es que la base del crecimiento es la dinámica política, y eso es difícil de manipular. Podemos desaconsejar las sociedades en las que las instituciones económicas desalientan la inversión y la innovación o dan ventaja a unos grupos sobre otros, ¿pero cómo llegar ahí? No hay una respuesta obvia. Cualquiera que esté de acuerdo con nuestro libro se dará cuenta de que el régimen de Mubarak era extremadamente extractivo. Parecía claro que librarse de él y de sus amigos era una buena estrategia, ¿pero qué pasa después? Vinieron los militares y no mejoró mucho la situación.

– Emplean como ejemplo de economía extractiva a la Argentina de los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, ¿cómo pudo llegar a ser una de las primeras economías del mundo con un modelo que ustedes definen como limitado?

– Catar y los Emiratos Árabes Unidos están hoy entre los países más ricos y son autoritarios, desiguales y ampliamente extractivos. Son ricos gracias a dos factores. El primero fue crear un sistema lo suficientemente estable como para que los económicamente poderosos tuvieran incentivos para seguir creciendo. El segundo factor es el petróleo. La explotación de los recursos naturales es la más sencilla porque se puede hacer sin instituciones inclusivas y repartidas por toda la sociedad.


– ¿El éxito económico de algunas empresas en EE.UU. está poniendo en peligro su modelo inclusivo?

– Estamos en un proceso de desgaste y destrucción de las instituciones inclusivas. No creo que sea por el éxito económico sino porque el dinero es cada vez más importante en los EE.UU.


– ¿No tiene que ver con el tamaño de las corporaciones?

– Sí, pero más complicado que eso es el papel del dinero en la política. Ya había grandes empresas en los EE.UU. de los años 60. No quiero decir que todo estaba bien entonces, pero esas empresas no gastaban tanto en contribuciones a campañas políticas o en lobby. Hoy el dinero domina a la política. Ahí está el problema.

– ¿Por qué son escépticos con las posibles consecuencias democratizadoras del crecimiento chino?

– No decimos que sea imposible sino que es improbable. Su estrategia es extractiva y sirve para ponerse al día pero no durará porque no genera innovación ni destrucción creativa. El partido comunista es muy poderoso y está muy presente en las grandes empresas, en los medios, en la política y en el ejército. Eso hace menos probable una transición hacia instituciones inclusivas.

– Otro momento de inflexión hacia mejores instituciones es el capítulo de la peste negra en Europa, ¿fue necesario estar en una situación desesperada para que la clase trabajadora inglesa pidiera mejores derechos? 

– No. De hecho, otro de esos momentos de inflexión se da con el enriquecimiento de los comerciantes ingleses derivado de las rutas atlánticas, cuando arriesgaron sus beneficios apoyando a la Revolución Gloriosa (revolución de 1688 que marca el inicio de la democracia parlamentaria moderna inglesa).

– En 2008 y 2009, muchos dijeron que esta crisis abría la puerta hacia un modelo más inclusivo, ¿cuál es su opinión?

– Mi temor es que vaya en la dirección opuesta. El modelo capitalista europeo, que era más pacífico, se está rompiendo. En cualquier caso no creo que vayamos a un modelo no capitalista. Ojalá que sea hacia un capitalismo más inclusivo pero no descartaría que ocurra al revés.

 4/9/12 Fuente: IEco

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